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#FanficThursday: Step Up (Capítulo 40)

The Only One – Camille&Moose (Step Up Fanfic)

Capítulo 40 – Reencuentros e ideas (Los Ángeles)

Resultado de imagen de step up luke moose

Para Carmen2000R:

“Ding, dong”

El suave sonido del timbre repica por el rellano de madera y baldosa blanca. Un enorme ventanal queda a nuestras espaldas, dando a la parte de atrás del edificio de apartamentos y más allá, a unos cientos de metros, se divisa Beverly Hills. Pero mi atención regresa cuando se oye girar el picaporte y una sonriente Natalie sale a saludarnos.

–¡Hola! –nos dice mientras tiende sus brazos efusivamente para saludarnos–. ¡Madre mía, cuánto tiempo sin vernos!

–¡Sí, es cierto! –responde Camille, contagiada de su entusiasmo. Natalie nos hace pasar a un pequeño recibidor decorado con sobriedad pero mucho gusto–. ¿Qué tal las cosas por aquí?

Sin embargo, antes de que Natalie pueda abrir la boca, un pequeño torbellino sale chillando de una de las puertas más cercanas, la que da al pasillo.

–¡Tío Moose!

Como es lógico, se lanza directamente contra mí y apenas tengo tiempo para cogerle en brazos y alzarlo en el aire.

–Pero bueno, ¿a qué clase de criatura tenemos aquí? –le hago cosquillas y se ríe, con lo que no puedo dejar de imitarlo mientras me lo acomodo sobre el costado–. ¿Qué pasa, tío? –alzo el puño para chocarlo con el suyo. Como ya sabe de qué va el asunto, la explosión sale sola y mi querido Max, el hijo de cuatro años de Luke y Natalie, vuelve a reír como loco antes de que lo deje en el suelo. Su madre nos mira con media sonrisa cargada de ternura–. Está hecho un campeón –comento mientras el canijo echa a correr hacia el interior de la casa.

Natalie sonríe más ampliamente y baja la cabeza con las mejillas coloradas.

–Está creciendo casi más rápido de lo que nos gustaría –admite, antes de volver a dirigirme una mirada irónica–. Se te dan bien los niños, por cierto.

Lo reconozco: me quedo clavado en el sitio como si me hubiesen puesto cola en las deportivas. ¿Cómo es posible…? Rápidamente, cruzo una mirada con Camille, pero su forma de mirarme, con una ternura inusual, hace que sospeche. ¿Qué está pasando aquí? ¿Qué me he perdido? ¿Acaso se lo ha contado ya?

Sin responder a mi muda pregunta, Natalie nos conduce al interior del apartamento hasta un salón cuya terraza da al mar. De allí, justamente, sale su marido y mi mejor amigo de Nueva York.

–¡Moose! –me saluda con cariño.

–¡Luke! ¡Cómo me alegro de verte! –respondo mientras chocamos las manos y nos abrazamos. Me sigue sacando una cabeza, pero no me importa. Cuando paso frente a la puerta abierta de la terraza, inspiro sin quererlo y cierro los ojos–. Oh, Dios mío… Echaba demasiado de menos el olor del mar…

Luke suelta una risita, pero creo saber por qué.

–Puedes sacar al chico de Baltimore… –empieza, mientras yo le dirijo una mueca y me río también.

–Sí, debe ser eso. Toda mi vida entre Baltimore y Los Ángeles… Casi diría que en Nueva York sufrí lo indecible…

–¡Eh! –escucho a Camille a mi espalda, con tono de falso reproche–. Creo que de eso ya me ocupé yo, ¿no crees?

Todos nos reímos y, mientras Camille y Natalie van a la cocina a coger algo de beber, preguntando si queremos algo, Luke me conduce a la terraza. Allí vuelvo a inspirar hondo a la vez que dejo que la brisa procedente del mar me revuelva los rizos. Llevo el pelo algo más corto de lo habitual, pero jamás renunciaría a esa seña de identidad. No cuando tiene que ver con el apodo que me puso Camille hace mucho tiempo…

–Te veo… diferente –comenta entonces Luke, apareciendo como por arte de magia con dos cervezas en las manos.

Ni siquiera me he dado cuenta de que se había ido.

–¿Por qué lo dices? –pregunto.

Él se encoge de hombros sin dejar de mirarme.

-No sé… Quizá sea que ahora ambos somos hombres casados y el mundo se ve de otra manera –sonríe–. ¿Cómo va todo por Las Vegas? ¿Ya te entiendes mejor con tu padre?

Me acodo sobre la barandilla antes de responder. Camille y yo queremos darles la noticia, juntos o por separado, pero aún estoy tan en shock yo mismo que no sé ni cómo expresarlo. Por el momento, me limito a comentarle cómo van las actuaciones tras The Vortex y cómo fue la luna de miel sin entrar en detalles. Los chicos no hacemos eso. Y respecto a mi padre… bueno, hemos enterrado el hacha de guerra desde la boda, pero es cierto lo que dice Cam: hay una parte de mi corazón que nunca cicatrizará del todo.

–Me encantó la idea que tuviste para tu boda –me dice entonces Luke dando un trago a su botellín, sacándome de la negrura de mis últimos pensamientos–. Y que os dejaran casaros en el hotel es una prueba de que os aprecian…

Detecto cierta nostalgia en su voz.

–¿Lo echas de menos? –pregunto, casi conociendo la respuesta.

Luke muestra media sonrisa indefinida.

–Nunca lo he dejado del todo, es cierto. Y Natalie tampoco –suspira como si recordase algo incómodo y secreto para mí–. Pero ahora me dedico más al cine.

–Eres un gran productor –lo animo. Sé que varias de sus películas, la mayoría documentales, han tenido éxito en diferentes festivales; menores, pero cosas potentes al fin y al cabo. Por eso me sorprende verlo tan abatido–. Te veo raro. ¿Ha ocurrido algo, Luke?

En ese momento, él gira la cabeza hacia mí.

–El ingeniero perspicaz –me chincha sin maldad para, unos segundos después, reconocer–. Lo cierto es que no estoy en el mejor momento. Sí que es cierto que con Max y Natalie mi vida ya no es la misma y tengo otras responsabilidades, pero… no sé. Querría volver a hacer… –alza las manos con cierta frustración–. Algo más grande.

Sé a lo que se refiere. Algo como “Nacidos de un Loro”. Algo como la final del World Jam. Y entonces, casi sin quererlo, tengo la solución y se la expongo. A medida que desgrano mi plan, a Luke le brillan más y más los ojos. Un documental sobre el evento de danza más grande de los últimos años. El mejor premio para nuestro gremio que nadie pudiese pedir. Y sus resultados. ¿Por qué no?

Eso sí, antes de que volvamos dentro con Natalie y Camille, le digo como de pasada.

–Ah, y quizá puedas contar con mis gemelos para futuras producciones. Quién sabe…

Inicialmente, Luke frena en seco. Y cuando me ve sonreír, suelta una risotada y me da una fuerte palmada en la espalda.

–Tío, eso sí que son buenas noticias… Hay que celebrarlo.

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