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#FanficThursday: Seven Deadly Sins – “En tiempos de paz” (Capítulo 12)

Capítulo 12 — La vuelta al Bosque 

Ban & Elaine, montaje de screenshots, anime, 3ª temporada (Ban y Elaine – NNT Facebook)

Un mes después…

El Bosque del Rey Hada estaba más exuberante de lo que Ban recordaba, a pesar de las aciagas circunstancias de la última vez que lo había visitado. En todos aquellos meses, los árboles parecían haber crecido de forma exponencial y haberse vuelto más frondosos, incluso sin la influencia del poder del Árbol Sagrado; aquel que Ban, sin dudarlo, había sacrificado para devolver a su amor a la vida. El gran Árbol, por su parte, parecía haber multiplicado la cantidad de cobertura rosada sobre sus ramas hasta un extremo cercano al de hacía veinte años. 

Elaine volaba a su lado, ceñida por su brazo poderoso en torno a la cintura y claramente emocionada por regresar; lo que demostraba el hecho de que toda ella parecía brillar más de lo normal, más cuanto más se aproximaban al centro del Bosque. Por un momento, Ban sintió una ligerísima punzada de remordimiento, sobre todo al pensar que quizá deberían haber vuelto antes. Sin embargo, Elaine se giró de inmediato al escuchar aquello en su mente, antes de que él pudiese evitarlo; para su alivio, sonrió y se inclinó para besarlo con suavidad.

«No me arrepiento de nada», susurró ella entonces en su mente.

Ban, emocionado, le apretó la cintura con cariño y rozó su nariz contra la de ella, mimoso, antes de devolverle un tierno pensamiento en respuesta. No obstante, antes de que una sonrojada Elaine pudiera decirle nada más, una voz conocida procedente de unos metros más allá los devolvió a la realidad:

—¡Ban! ¡Ya era hora, tardones!

El aludido mostró una amplia sonrisa.

—¡Eso será que vosotros llegáis siempre demasiado pronto! —replicó, jovial, mientras llegaban a su altura y Elaine y Elisabeth se saludaban a su vez, efusivas—. ¿Cuánto lleváis por aquí?

—No le hagas caso, Ban —le aconsejó entonces la esposa de su mejor amigo—. Tampoco hace tanto que hemos llegado.

Meliodas se limitó a sonreír a su vez, pillado en falso.

—¿Qué? ¿Echamos un pulso de reencuentro, Ban?

Al bandido, como era de esperar, le brillaron los ojos solo de pensar en aquella perspectiva. Sin embargo, dos voces autoritarias resonaron en ese instante sobre sus cabezas, anulando toda la posible diversión:

—¡Ah, no! ¡Eso sí que no! —dijo la femenina—. No en mi Bosque, capitán.

—Vaya… Y yo que creía que tendría que regañar primero a Ban… —terció la segunda, masculina, aunque juvenil y no exenta de cierta ironía.

—¡Hermano! —gritó entonces Elaine, emocionada, antes de ascender volando para abrazar a King—. Te he echado de menos.

El Rey Hada Harlequín esbozó una sonrisa cargada de ternura.

—Yo a ti también, Elaine —inclinó la cabeza y encaró a su cuñado—. Bienvenidos de nuevo, Ban. ¿Qué tal ha ido el viaje?

Elaine rio, excitada, por toda respuesta. Ban, por su parte, se limitó a alzar la barbilla con media sonrisa divertida.

—Como si hubiéramos salido ayer de Liones —bromeó, mientras su mujer descendía y volvía a dejarse ceñir por su brazo libre, el que no portaba la bolsa de viaje—. A mí al menos se me ha hecho corto, a pesar de ser casi un año. ¿Y a ti, Elaine?

Ella asintió, risueña. Por un instante, los dos amantes se miraron, inseguros de cuándo deberían darle la noticia a King. Pero, por el momento, este fue quien distrajo sus pensamientos con otros menesteres.

—Me alegro —les dijo, descendiendo también casi hasta su altura, seguido del torso inclinado de Diane—. Así que, ahora que estáis aquí creo que podemos terminar de organizarlo todo.

Ban hizo un gesto mohíno, intuyendo lo que eso significaba. Pero la flojera se le pasó en cuanto Elaine preguntó, entusiasmada:

—¡Claro, la ceremonia es mañana! ¿Qué necesitas que hagamos?

Si podía estar junto a ella, ¿por qué no?, pensó el antiguo bandido. Aunque sus castillos en el aire se derrumbaron ligeramente cuando ella fue asignada a ayudar a Diane con su vestuario y su parte de la boda. Sin embargo, cuando estaba a punto de protestar y escaquearse, la voz de King resonó de nuevo sobre su cabeza como un himno celestial al preguntar:

—Bueno. Y, ¿Ban? ¿Capitán? ¿Quién se anima a un concurso de caza como en los viejos tiempos?

***

—Elaine, ¡estás preciosa con ese vestido!

Mientras los chicos se iban a cazar para el banquete de la noche y el día siguiente –King les había asegurado que siendo él el rey del Bosque no habría ningún problema, siempre y cuando no se excedieran–, las chicas se alejaron más allá del Árbol Sagrado, donde las hadas se afanaban en preparar un altar improvisado para los contrayentes y sitios con buena visibilidad para todos los asistentes. La primera boda entre una gigante y un hada se merecía cuidar hasta el más mínimo detalle. Sin embargo, mientras caminaban y volaban, respectivamente, Elaine detectó que la novia estaba hecha un auténtico manojo de nervios casi solo con mirarla a la cara. Aun así, el comentario de Elisabeth las distrajo a ambas y atrajo su atención de inmediato:

—¡Ah! ¿Esto? —preguntó el hada, mirándose con humildad el sencillo vestido azul, solo adornado con algo de encaje en el escote, los puños y el borde de la falda—. Bueno… Lo cierto es que solo fue un pequeño regalo de Ban cuando pasamos cerca de Edimburgo…

Tras aquello, Diane pareció querer comentar algo acerca de lo poco que le pegaba a alguien como Ban hacer aquel tipo de regalos; pero la respuesta de una emocionada Elisabeth le hizo olvidar el sarcasmo como por arte de magia.

—Pues, ¡es muy bonito! ¡Ban tiene muy buen gusto, sin duda! —Y ante el desconcierto de la giganta, cuya mente estaba sin duda a caballo entre la conversación y los nervios por el día siguiente, Elisabeth se giró y le preguntó a ella—. ¿Y tú, Diane? También estás preciosa con ese conjunto nuevo.

Sin quererlo, la joven aludida enrojeció como una granada mientras sonreía, encantada.

—¿A que sí? —corroboró, moviéndose para que las otras dos chicas pudieran ver todos los detalles del ajustado vestido verde oscuro con detalles claros—. Me lo hizo King como regalo de prometidos, poco después de volver al Bosque.

—El color te favorece un montón, Diane —la alabó Elaine.

Sin embargo, la giganta pareció azorarse aún más ante aquel comentario, antes de responder:

—Ah, ya… Bueno, supongo que no es mi color habitual —reconoció, dejando a sus amigas atónitas.

—Pero, ¿qué problema hay con eso? —preguntó Elisabeth, cauta, hablando por las dos.

Diane se retorció una coleta, con timidez evidente.

—Lo cierto es que… El color ayuda a sentirme más en el ambiente. Digamos que las hadas aún no se hacen mucho a la idea de tener una reina gigante, así que…

—Pero, ¡qué tontería! —se escandalizó Elaine de inmediato, interrumpiéndola y alzando el vuelo casi hasta llegar a la altura de su barbilla—. ¿Quién te ha dicho algo, Diane? Me encargaré de él o ella personalmente, te lo prometo.

—¡No, no! No te preocupes, Elaine —se apresuró a aclarar Diane—. Nadie ha dicho nada, si no ya se hubiera ocupado tu hermano y lo sabes —Aquello pareció aplacar un poco a la princesa hada—. Pero —agregó Diane—, no sé… Es algo que se percibe. O quizá sólo soy yo… Yo que sé…

—Vamos, Diane. Yo creo que estás exagerando un poco —le aconsejó Elisabeth, amable y sin acritud alguna—. Seguro que va todo bien.

Más relajada y esbozando una pequeña sonrisa comprensiva, Elaine le apoyó entonces una mano en la mejilla para corroborar las palabras de la reina de Liones.

—Sí, seguro que Elisabeth tiene razón. Y, si no —advirtió, muy seria—, yo estaré contigo para que no ocurra nada, ¿de acuerdo?

Ante la implicación oculta en sus palabras, tanto Diane como Elisabeth abrieron unos ojos como platos y la primera se echó las manos a la boca. Algo que no logró camuflar apenas su emoción cuando preguntó:

—¿Qué…? ¿Quieres decir que…?

Elaine sonrió y asintió, volviendo a descender en cuanto llegaron al destino que Diane buscaba: un pequeño claro alejado de oídos indiscretos. Las tres se sentaron entonces en la hierba a disfrutar del sol y seguir con sus cotilleos de chicas.

—Ban y yo nos quedaremos en el Bosque a partir de ahora —anunció entonces Elaine, para deleite también de Elisabeth—. Además… Bueno… Hay algo más que creo que debería contaros… ¡Pero King no puede enterarse aún! ¿De acuerdo? —pidió.

—¿Qué ocurre, Elaine? —se preocupó Elisabeth sin poder evitarlo—. ¿Ha sucedido algo durante el viaje…? ¿Tú…?

La negación de cabeza, sumada a la sonrisa confiada del hada, interrumpieron a la reina diosa de golpe. Pero lo que la interrogada dijo a continuación dejó a las dos amigas tan de piedra que, por un momento, creyeron que se lo habían imaginado:

—Chicas… ¡Estoy embarazada de tres meses!

A pesar de la alegría de Elaine, a continuación, se hizo entre las tres un silencio algo espeso, solo roto por el piar de los pájaros en las copas de los árboles y el rumor de los animales rondando a su alrededor, en la espesura. Al menos, hasta que la reina de los gigantes se repuso lo suficiente para preguntar, incrédula:

—¿Embarazada? —El hada asintió, confiada y preocupada al mismo tiempo por la reacción de sus amigas. Sin embargo, no esperaba la siguiente pregunta de Diane—. Pero, ¿cómo es posible…? Quiero decir…

—Lo cierto es que Ban y yo tampoco lo tenemos muy claro —confesó entonces Elaine, no sin cierta inseguridad filtrada en su voz—. Simplemente… pasó.

Diane sacudió la cabeza, aún sin creérselo. Al menos hasta un segundo después; cuando, con los ojos desorbitados, se giró hacia Elaine y susurró:

—Espera un momento… —Elaine le sostuvo la mirada, sin saber a qué se debían las turbulencias que percibía en el corazón de Diane—. ¡Espera un momento! —repitió esta, llevándose una mano a la boca—. Ban y tú…

Elaine reprimió el impulso de poner los ojos en blanco. En algunas cosas, olvidaba lo adolescente que aún era su amiga giganta.

—Diane, Ban y yo nos acostamos desde hace mucho tiempo —le indicó con naturalidad—. No hay nada de malo en ello.

La giganta, pillada en falso, apenas atinó a abrir y cerrar la boca varias veces, sin llegar a vocalizar nada. Sin embargo, el hada podía ver en su interior como un libro abierto. Gracias al cielo, fue Elisabeth la que medió para romper la tensión del momento:

—Así que… ¿vuestro viaje ha ido bien, Elaine?

La princesa hada, aún algo cohibida por la fuerte reacción interna de Diane, se giró entonces hacia la reina de Liones, esbozando una tímida sonrisa.

—Muy bien, Elisabeth. Lo cierto es que ha sido como un sueño hecho realidad para los dos…

Diane bufó, todavía recuperándose de la sorpresa anterior.

—Bueno. Yo solo espero que Ban, a pesar de todo, se haya portado como un caballero. ¡O juro que le crujo los huesos hasta hacerlos polvo! —amenazó.

Elaine se rio, sacudiendo la cabeza para disimular su incredulidad. ¿Cómo Diane no lo conocía mejor, después de los años?

—Diane. Ban ha sido puro amor y cariño durante este viaje, te lo puedo asegurar.

La giganta aún parecía reticente a creer aquello. Lo que demostró su siguiente frase, aunque viniera con algo menos de convicción que las anteriores:

—Venga ya… Conociéndolo, seguro que en la cama también es un desconsiderado…

Sin poder evitarlo, Elaine se rio con fuerza.

—Pero, ¡Diane! ¡Si Ban en la cama es lo más dulce del mundo! —la contradijo, divertida.

—¿Qué? ¿Lo dices en serio? —Diane se escandalizó sinceramente antes de agregar, en voz más baja—. Un momento, ¿hablamos del mismo Ban?

Elaine apenas pudo contener la risa de nuevo. La actitud de Diane le recordaba tanto a cómo era ella hacía tan solo un par de años…

—¡Eso creo, sí! —respondió, divertida—. Y, bueno… Aunque sí que es cierto que no he tenido mucho contacto con hombres antes… Me da la impresión de que Ban me trata… No sé… Casi como si me fuera a romper, a veces —bromeó el hada, aunque con las mejillas de color rojo nuclear. La falta de costumbre para hablar con otras personas sobre su relación con Ban aún era bastante patente. Algo que demostró todavía más su siguiente pregunta—. Eso es… ¿normal?

Ante el fuerte rubor que atacó las mejillas de Elisabeth, Elaine intuyó que sus suposiciones iban por el buen camino. Algo que solo reforzó su buena opinión sobre su amante.

—Yo tampoco tengo mucha experiencia, pero algo me dice que, más bien, los humanos son todo lo contrario —aventuró Diane—. Elisabeth… ¿Qué te pasa? ¿Estás bien?

Elaine, que estaba escuchando el corazón de la nueva reina de Liones con total claridad, casi tuvo que echarse una mano a la boca para no reírse. La pobre Elisabeth…

—No, sí… ¡Claro! —se aturulló la joven de pelo blanco, antes de apartarse unos mechones por detrás de las orejas, cohibida—. Es solo que… Creo que Diane tiene razón. Y Elaine probablemente esté en lo cierto. No podemos juzgar a Sir Ban así de buenas a primeras…

—Elisabeth y, ¿qué hay de ti? ¿Cómo se porta el capitán? Ya sabes…

Ante aquello, Elisabeth enrojeció casi más de la cuenta.

—Bueno, él… también es… bastante galante… Aunque… —se detuvo un instante.

—¿Aunque…? —se encendió Diane—. Mira que, demonio, humano o lo que sea, si se le ocurre hacer cosas raras tendrá que vérselas conmigo…

Elisabeth se mordió el labio.

—Raras, no. Creo. Solo… Bueno… Digamos que no ha perdido la costumbre de tocar por todas partes, a todas horas…

Elisabeth se rio con evidente azoro, pero Diane solo bufó.

—Típico del capitán —De inmediato, la giganta se giró hacia Elaine con cierto aire suspicaz—. Y dices que… ¿Ban no es así?

Confiada, Elaine negó con la cabeza, antes de agregar por lo bajo:

—En realidad, entre nosotras… Diría que a veces casi le dan ganas de suplicarme permiso antes de hacer ciertas cosas…

Las tres chicas rieron en complicidad sin poder evitarlo. Al menos, hasta que Diane volvió a ponerse seria y suspiró.

—Ay, qué nerviosa estoy…

—Tranquila, Diane. Todo irá bien —la calmó Elaine, sonriendo con confianza y guiñándole un ojo a su amiga—. Mi hermano no tiene ninguna experiencia así que… Tú simplemente sigue nuestros consejos y todo saldrá perfecto.

Diane, más tranquila, sonrió de inmediato, encantada.

—¡Bien! ¡Tarde de chicas!

2 comentarios sobre “#FanficThursday: Seven Deadly Sins – “En tiempos de paz” (Capítulo 12)

    1. Jijiji sí la muchacha es todavía muy inocente… Aparte de que siempre duda de Ban como hombre honorable xD menos mal que ya está Elaine para sacarla de su error y contarle un par de secretos 😊😉 ¡Gracias por Comentarrr !

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