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#FanficThursday: Seven Deadly Sins – “En tiempos de paz” (Capítulo 1)

Nota de autor y aviso de spoilers: esta es una historia New Adult basada en Ban y Elaine, personajes del manga/anime Seven Deadly Sins/Nanatsu No Taizai.

Esta historia está ambientada desde el capítulo 344 del manga hasta antes del one-shot de Lancelot. AVISO DE SPOILERS.

***

Capítulo 1 — El retorno a la normalidad

Ban y Elaine, CrisZeldris1

—¡Han vuelto! ¡Los Pecados han vuelto!

El grito de los guardias reverberó sobre los muros de la torre mientras corrían escaleras arriba, hacia la sala de fiestas. Sin embargo, dado que la esfera de transporte de King tampoco era lo más discreto del mundo, algunos de los asistentes a la celebración ya se habían percatado de que se aproximaban solo con echar un vistazo por la ventana. Entre ellos, Elaine y Hawk habían sido los primeros en verlo, dado que se habían sentado a esperar en el balcón. Y el hada estuvo a punto de bajar volando por la fachada para ir a su encuentro, si no hubiera sido porque le sabía mal dejar al pobre cerdo del Purgatorio solo, corriendo escaleras abajo. Sin embargo, al comprobar la marabunta que se dirigía hacia la mencionada estructura, donde todo el mundo parecía tener prisa por pasar primero, Elaine se lo pensó mejor.

—Oye, Hawk —lo llamó, girándose hacia el extraño animal—. ¿Quieres bajar volando? Evitaremos la aglomeración.

El cerdo la miró como si estuviese loca.

—¿Pero a ti qué te ha dado en la cabeza, Elaine? ¡Si está altísimo!

Ante lo que el hada sonrió, lo tomó en brazos e, ignorando sus protestas, saltó ágilmente por el balcón, desplegó las alas y descendió toda la longitud del torreón hasta el patio mientras Hawk pataleaba y lloraba en sus brazos. Cuando por fin aterrizaron en el suelo empedrado, entre todo el jaleo, el cerdo parlante se giró de inmediato para encarar a aquella hada tan descarada que se había atrevido a hacerle pasar semejante mal trago. Pero se sorprendió al no encontrarla a su lado, sino casi a metro y medio sobre el suelo, oteando sobre las cabezas de los presentes con gesto angustiado. Al menos, hasta el segundo en que atisbó lo que buscaba y su rostro se contorsionó en una mueca de profunda alegría y alivio, todo en uno. Así, antes de que Hawk pudiera captar su atención, Elaine salió disparada por el aire hacia la zona donde habían aterrizado los héroes del momento.

—¡Ban! —gritó.

Su amado alzó de inmediato la cabeza al verla, sonriendo acto seguido mientras la acogía entre sus brazos y, con la inercia, le daba dos vueltas en el aire, girando sobre sí mismo.

—¡Elaine!

Ella sonrió y, en cuanto Ban la bajó, se lanzó a besarlo sin más miramientos. Un gesto que él le devolvió sin dudar y que, por supuesto, levantó varios silbidos de aprobación y chanza a partes iguales a su alrededor.

—¡Eh! ¡Vosotros! —se interpuso King entre ambos, invadido de una súbita vergüenza ajena—. ¡Estaos quietecitos! Estáis dando el espectáculo.

Ban y Elaine miraron entonces a su alrededor; ella, cohibida de golpe por la atención sobre su persona. Él, con la indolencia que da el hecho de importarte un bledo lo que piensen los demás.

Pse, pues que se busquen una novia propia si no les gusta mirar… —rezongó Ban sin acritud, haciendo que King se pusiera aún más rojo de ira.

—Eres incorregible, Ban… —rechinó.

El humano, por su parte, lo ignoró por completo mientras se limitaba a pasar un brazo algo más casto por la cintura de Elaine y acompañar a todos de vuelta al torreón. Quizá aún pudiera tomarse una cerveza más antes de ir a dormir. La pelea con el Caos, sin duda, había disipado su anterior borrachera casi por completo. Y, ahora, su cuerpo solo le pedía disfrutar con Elaine todo lo posible. A pesar de lo cerrado de su atuendo, la joven estaba preciosa como nunca aquella noche. Sonreía, reía con las chicas ante cualquier chiste o tontería… En definitiva, para Ban era como observar una estrella terrenal que brillaba y destacaba entre la multitud.

Unas horas más tarde, con la madrugada ya avanzada, los dos amantes decidieron por fin marcharse de la fiesta y volver a la pequeña casita de Elaine en Liones. Por el camino, charlaron y rieron sin preocupaciones. Cuando entraron por fin en casa, los recibió una tranquila penumbra, tan solo aclarada por la suave luz de la luna que entraba por la ventana. Aunque hacía apenas unos días, parecía como si hubiera pasado una eternidad desde la última vez que habían dormido allí; cuando Elisabeth casi murió y el rey demonio resurgió.

Sin embargo, antes de que Elaine tuviera tiempo siquiera de pensar más en ello –en cuánto había temido que Ban no regresara a su lado–, el hombretón en cuestión la abrazó por detrás y comenzó a besarle el cuello; despacio, mimoso, pero con una clara intención erótica que Elaine no pensaba rechazar. No esa noche. Por esa razón, el hada se arqueó de inmediato al sentir sus labios y jadeó con fuerza, teniendo pensamientos muy similares a los de él: después de haber acabado con todo el mal que amenazaba sus vidas, Elaine y Ban solo querían desnudarse el uno al otro con pasión, tirarse en la cama, hacer el amor sin prisa y disfrutar de cada centímetro de piel del otro hasta que saliera el sol. El hada alzó una mano para sujetar la nuca de Ban, gimiendo en voz baja, antes degirarse y besarlo en respuesta, pasando los brazos alrededor de su cuello.

—Ban… —susurró entre sus labios—. Mi amor…

Él suspiró.

—Elaine…

Sin embargo, estaba claro que las palabras sobraban entre los dos cuando los dedos de él empezaron, con algo de urgencia, a desatar el corpiño que aprisionaba el torso de Elaine; al tiempo que ella rodeaba su cintura con las piernas y comenzaba a deslizar las manos bajo su chaqueta de cuero rojo. Avanzando hacia la cama, Ban se dejó desnudar de cintura para arriba antes de apoyarla de pie en la cama y, con infinito cuidado, quitarle el casto vestido que había elegido para esa noche. En su opinión, solo una pose de inocencia juvenil que ocultaba a la auténtica mujer que habitaba debajo. La cual, para su deleite, se mostraba sin tapujos en cuanto ambos se encontraban en la intimidad. Y eso volvía a Ban loco de remate.

Una vez sin ropa, las alas de Elaine vibraron en la penumbra tras su espalda, como si fueran un reflejo de los deseos de su dueña. Esta, conteniendo su propia carrera interior, apenas pudo evitar morderse el labio de anticipación al ver cómo Ban se bajaba despacio los pantalones, sin dejar de mirarla y, después, se erguía cuán largo era con media sonrisa pícara en el rostro.

Elaine gimió por lo bajo antes de volver a enlazar sus labios con los de él y apretarse contra su piel: tersa, cálida y perfecta. El humano pasó entonces a acariciar cada centímetro de Elaine con deseo y reverencia a partes iguales. Aquel cuerpo ya no era el de una niña, como cuando la conoció. Era el de toda una mujer y lo llamaba a hacerlo suyo, más que ninguno en toda su vida. Ante el roce de sus dedos expertos, Elaine pensó que se iba a desmayar antes de empezar, tal era el deseo que atronaba sus venas. Al menos, antes de que él susurró en su oído:

—Échate, Elaine.

Ella obedeció sin dudarlo. Confiada, se tendió sobre las sábanas mientras él la seguía, tumbándose a su lado y uniendo sus labios de nuevo casi en un solo movimiento. Elaine gimió contra su boca al tiempo que sus lenguas jugaban sin descanso. Ban sentía que algo en él quería pasar a mayores de inmediato, pero su lado más racional consiguió reprimir el instinto a tiempo; mientras tanto, sus labios abandonaron temporalmente los de ella y comenzaron a descender sin prisa por su cuerpo menudo. Pasando primero por su cuello y su pecho; demorando la lengua en las zonas más sensibles y haciendo que Elaine arquease la espalda, ansiosa. Después, su boca recorrió su vientre terso y plano, las líneas perfectas de su cintura, aquellas caderas paradisíacas… Hasta llegar hasta su pubis.

Al inclinarse entre aquellas piernas preciosas, Ban comprobó sin esfuerzo que Elaine estaba del todo preparada para él. Pero, después de todo lo sucedido, no pensaba negarle ni un miligramo de placer. Además, ¿quién tenía ya prisa? Mientras la hacía disfrutar, si abría los ojos, el Pecado del Zorro veía a su amada retorcerse de éxtasis, con las manos aferradas a las sábanas y los párpados cerrados, lo que solo aceleraba su pulso más y más.

Elaine, por su parte, se notaba flotar en un trance divino del que desearía no salir nunca. La lengua de Ban, además, era delicada y precisa; conociendo bien donde insistir y donde reposar para que Elaine disfrutara sin prisa, pero sin pausa. Al menos hasta que la joven hada no pudo contenerse más y emitió un agudo grito de placer bajo sus caricias expertas. Ban rio entonces para sí, sin poder evitarlo, antes de enfocarla con un solo ojo escarlata cargado de erotismo.

—Me alegra que esto te guste, Elaine —comentó por lo bajo, divertido.

Ella asintió con energía.

—Mucho —jadeó, temblorosa, antes de que él continuara con su trabajo—. ¡Oh, Ban!

La joven tomó con urgencia la almohada y ahogó el siguiente gemido en su blandura. Cierto era que la casa estaba más o menos apartada de oídos indiscretos; pero Elaine sentía tal necesidad de chillar de gozo que, de no tomar algunas precauciones, podrían haberla oído hasta en la distante y derruida Camelot.

—¡Ban!

Pero él ya apenas la escuchaba. Tenerla así ante él era más de lo que su caballerosidad podía soportar. Por ello, mantuvo la cadencia hasta que el intenso temblor de las piernas de la muchacha, sus gritos ahogados contra la almohada y una de sus manos empujando su frente hacia atrás le dieron la pista de que acababa de llegar al cielo y más allá.

2 comentarios sobre “#FanficThursday: Seven Deadly Sins – “En tiempos de paz” (Capítulo 1)

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