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HABLEMOS DE FANTASÍA: 4 autores, 4 puntos de vista.

¡Hola lectores! ¡FELIZ, FELIZ DÍA DEL LIBRO! ❤ ¿Cómo van vuestras lecturas del año? ¿Necesitáis alguna recomendación?

Aprovechando esta fecha tan señalada y considerando superados los baches que trajo el año pasado por estas fechas, en el blog vamos a hacer algo muy especial. Y es que hemos reunido a cuatro GRANDES AUTORES (en su trabajo y el el interior de su corazón) de literatura fantástica (y otros géneros, que parece que es que solo vivimos en nuestra burbuja de unicornios y arcoiris y no salimos de ahí…).

El formato es sencillo. ¿Quiénes son? ¿Cómo ven la situación del género fantástico actualmente? Preguntas sencillas que han contestado a la perfección.

¿Preparados para sorprenderos?

¡ARRANCAMOS! ¡QUE LA LECTURA OS ACOMPAÑE SIEMPRE Y NO OLVIDÉIS DEJAR UN COMENTARIO/LIKE! 😀

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1. Ana González Duque

Ana González Duque es escritora de fantasía juvenil y comedia romántica. Autora de la bilogía Leyendas de la Tierra Límite, además de otros libros. Es un ser extraño al que le gusta el marketing para escritores y es feliz llevando adelante dos blogs, un podcast, un canal de Youtube y un millar de proyectos relacionados con la literatura más. Sobrevive gracias a la magia.

“Creo que la mejor definición de qué es fantasía se la leí a Orson Scott Card, que sabe mucho más que yo del tema: «Si la historia está situada en un mundo que sigue las mismas reglas del nuestro, es ciencia-ficción. Si está situada en un universo que no sigue nuestras reglas, es fantasía». La fantasía por lo tanto se caracteriza por el elemento mágico y por no seguir las normas. Y las dos cosas van mucho con mi forma de pensar.

Y, aunque mi experiencia como lectora, me susurra que las fronteras entre los géneros son muy tenues, precisamente ha sido eso —la magia— lo que me ha llevado a elegirla como escritora. Me encanta darle la vuelta a la lógica y plantearme ese «¿Qué pasaría si…?» que indudablemente te lleva a la idea y, de esta, a la historia, como si fuese una cerilla que prende un hilo de pólvora.

Pero la magia no está para resolverte la vida: la magia es algo caprichoso y limitante que complica las vidas de nuestros protagonistas hasta lo indecible y las jornadas de elaboración de escaleta hasta lo interminable. Aunque eso me ayuda mucho a enganchar al lector.

Además con la fantasía puedes escribir sobre dragones, qué cuernos.”

 

2. Concepción Perea

Concha Perea nació en Sevilla en 1978. Es licenciada en Humanidades y tiene un Master en Creación Literaria. Es presidenta de la agrupación cultural “Bibliofórum” y forma parte de la organización del Encuentro de Literatura Fantástica de Dos Hermanas. Actualmente imparte clases de creación literaria en Caja de Letras.

“No me imagino escribiendo otra cosa que no sea fantasía, para mí es el mundo y lo que hay más allá del mundo, es la capacidad de mostrar la realidad en un centenar de espejos deformes y que, aun así, siga mostrando la realidad. La fantasía es escapismo, esa es su gloria, decía Ursula K Le Guin, que además creía que ese modo de escapar nos volvía más inteligentes, más reflexivos y también más rebeldes. Que ante la imposición del pensamiento único, la fantasía es el arma que los inteligentes usan para defenderse y crear su propio criterio.

Para mi escribir fantasía es una manera de lidiar con el día a día, me ayuda a reflexionar, a enfrentarme a mis monstruos, porque todos estamos habitados por monstruos reales y podemos enfrentarnos a ellos cuando los disfrazamos de dragones.

¿Qué somos si no imaginamos? Nada. La fantasía nos ayuda a soñar, la fantasía es nuestro gran poder. Los que sueñan son siempre los que salvan el mundo.”

3. David F. Cañaveral

David F. Cañaveral (Madrid, 1983) vive en Aranjuez. Trabaja como Técnico de Imagen para el Diagnóstico, campo de profunda vocación personal, aunque es escritor sobre todas las cosas. En 2014, autopublicó su primera novela, El triángulo escaleno (reeditada en 2016 por Ediciones Tagus). En 2015, empezó la serie de misterio y fantasía Ciudad Fortuna con Dados de cristal. La segunda parte, Trébol de madera, se publicó en 2016. Y la tercera, Destellos de oscuridad, vio la luz en el otoño de 2018.

“Lo confieso: detesto las clasificaciones. Una pregunta habitual que me cuesta contestar es a qué género pertenecen mis novelas. No creo que estas se circunscriban a uno solo ni muestren uno imperante. Quizás el lector sí lo crea así, pero yo, cuando escribo, no me permito sentirme constreñido por ese aspecto. Estoy seguro de que esto les pasa a más escritores de hoy, quienes también se sumergen en la mezcolanza y la fusión. Las clasificaciones están para romperlas.

Escribir es una expresión de libertad. Nunca debe limitarse. Por eso, nunca asumiré un género como un corsé. De hecho, más que escritor de fantasía, me considero escritor de historias; historias que, cuando toman forma en mi mente, traen consigo su género (o mezcolanza de géneros, para ser más precisos). Para mí, la fantasía es una fuente de posibilidades, nunca un conjunto de normas. Además, en mis novelas, la fantasía es un sustrato, un atributo singular del mundo. Es sigilosa, subyacente… No tiene princesas, dragones o magos. Tal vez porque pienso que el mundo real, en verdad, oculta mucho de fantasía, y me gusta sacarla a relucir.

La situación del género me disgusta, como escritor y lector. La fantasía nunca ha sido un género estrella en España. En más de una ocasión, cuando alguien me pregunta el género de mis novelas (sí, esa pregunta…) y hablo de fantasía, enseguida piensan que son para niños o jóvenes. Esa creencia concibe la fantasía como un estadio inmaduro o una etapa impropia de un autor “formado” (aparte de un desdén absurdo respecto a la literatura infantil y juvenil). ¿Cómo cambiarlo? Como todo: desde la educación. Todos, en el colegio y el instituto, leímos ciertos títulos indiscutibles: clásicos, educativos, etc. (que, por desgracia, leídos por obligación pierden buena parte de su atractivo). Pero ¿cuántas programaciones de literatura incluyen lecturas de fantasía o ciencia ficción? Estoy convencido de que si “obligamos” a los alumnos a leer algo de fantasía, ese matiz obligatorio se diluirá rápidamente. Y descubriremos que una fantasía bien construida es una excelente manera de introducir a alguien en el sanísimo hábito de la lectura.”

4. Noa Velasco

Autor de Soga de seda y magia: un caso de los Clarividentes de Lorian y Kelvalad, la espada oscura. Escribe, ilustra, diseña y baila claqué. A día de hoy cuenta con varios cuentos infantiles, relatos, tiras para revistas y diarios, cómics, un guion para un videojuego y varios intentos fallidos de crear un juego de mesa.

“No he oído palabras más acertadas para hablar de la fantasía que las de Brandon Sanderson: es el género de ficción donde puedes hacer todo lo que hacen los otros y, además, puedes meter dragones. La gente tiende a confundir la fantasía con sus tropos más característicos y en especial los de la épica, pero cualquiera que se adentre en el género descubrirá que hay espacio para todo. Creo que poca gente tiene excusa para decir a día de hoy que la fantasía no tiene nada que le interese. En la fantasía podemos encontrar elfos, dragones y espadas mágicas (o no), aunque el género no depende de estos elementos y, lo que es más importante, al final las historias tratan de los problemas y las emociones más universales. 

Me parece un campo de experimentación con posibilidades ilimitadas con el que podemos superar ciertos prejuicios, plantear preguntas e imaginar lo imposible. Considero que la literatura ha de ser estimulante; para mí, además, ha de incluir un buen componente lúdico. La fantasía me permite utilizar todo aquello que me gusta como las historias de detectives, sistemas de magia y poderes, criaturas inverosímiles, luchas asombrosas, ninjas, dioses tangibles, etc. Y con todo esto busco reflejar aspectos de la naturaleza humana, ponerme en la piel de otros seres, imaginar otros mundos y, sobre todo, entretener.

Para bien o para mal, las etiquetas son nuestro referente para catalogar los contenidos y el género fantástico es demasiado amplio como para hacer con él un cajón de sastre. Tal vez vaya siendo hora de reclamar ciertos subgéneros y darles una mayor importancia sin renegar de los orígenes. Creo muy positivo familiarizarnos con las diferentes formas de fantasía para distinguir unos contenidos de otros y hacerlo en general más accesible a los lectores menos acostumbrados.”

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