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#FanficThursday: Cars – “McQueen y Sally: One-Shots” (Capítulo 4)

Capítulo 4 — Tu verdadero yo (I) (Cars)

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McQueen y Sally, Cars

Cierto es que, en Radiador Springs, hay pocas cosas que cambien. En cuanto el sol sale, Sarge iza la bandera de su jardín al son del toque de diana, mientras a su espalda Fillmore arranca sus días al ritmo de Jimmy Hendrix.

Pero aquella mañana, fue diferente. Sally solía despertarse todos los días ante esos acordes, pero esta vez ayudó también un molesto rayo de sol impactando de rebote sobre su parabrisas. Despacio, abrió uno de sus párpados metalizados, desorientada. Escuchaba algo nuevo respecto a otras mañanas… Un suave murmullo a su derecha.

Cuando se despejó del todo, sin embargo, sonrió con ternura. Pegado a ella en el estrecho espacio del cono principal del motel, su dormitorio para más señas, un joven y elegante coche de carreras roncaba suavemente, acurrucado con las ruedas recogidas bajo la carrocería. Sally se movió despacio, incorporándose mientras estiraba las ruedas y bostezaba con discreción. No quería despertarlo por nada del mundo, aunque se hubiese quedado toda la mañana viéndolo dormir.

«Despierta», se obligó. «Vuelve al mundo real».

Así que, con mucho tiento, abrió despacio la puerta del cono, lo suficiente para hacer pasar su corta estatura por debajo del portón, y volvió a colocarlo en su sitio acto seguido. El sol brillaba intenso sobre Radiador Springs y corría una ligera brisa que hacía más soportable el calor incipiente del verano. Cerrando los ojos un instante, Sally arrancó con suavidad para encaminarse hacia la gasolinera de Flo. Le rugía todo el motor y necesitaba su ración diaria de gasolina para despertar, antes de empezar a trabajar.

Por primera vez, le sorprendió ver a algún que otro parroquiano nuevo junto a los surtidores. Pero no fue eso lo que la hizo desviarse de su rumbo antes de alcanzar los primeros tejadillos. Curiosa, se aproximó con cautela a la enorme estructura alargada, cuya puerta abierta estaba oscura como boca de lobo en contraste con la luminosidad del exterior. La joven Porsche miró a su alrededor, buscando al dueño del tráiler. Como suponía, Mack conversaba animadamente con Ramón unos metros más allá. ¿Sería consciente de que se había dejado aquello abierto? Sally volvió a enfocar la oscura entrada, con el motor bullendo de dudas.

Cuando había visto por primera vez aquel camión, había pensado que estaba soñando y que, en el fondo, cuando Rayo había afirmado que era un famoso de carreras, solo lo decía como excusa para salir del pueblo y librarse de su condena. Ella había querido condenarlo; no solo por egoísmo, sino para darle una lección a aquel arrogante. Pero, cuando había terminado la carretera y había hecho todo aquello que hizo por ellos, prefirió pensar que, en el fondo, las carreras no eran tan importantes para él.

Pero, efectivamente, era una estrella ya desde antes de conocerla, le pesara o no. Cierto era que sentía un cosquilleo cada vez que pensaba en ello: ¿cómo sería salir con una celebridad así? Puede que no fuese la primera vez que salía con alguien de renombre, pero había sido en su ámbito y, a pesar de que el reputado abogado californiano Alex Mustang había ganado varios casos famosos, eso nunca la salpicó como podría hacerlo salir con una estrella mediática como McQueen.

«Sally, solo ha sido un beso y dormir juntos», procuró convencerse, sin conseguirlo del todo. «Si quieres saber más sobre él, debes entrar ahí. Es un buen paso para empezar, ¿no?».

Pero, ¿qué pensaría Rayo si la encontraba dentro del tráiler? Bueno, Mack lo había dejado abierto sin vigilancia, ¿no? Podría no ser culpa suya. Y aun así… La joven máquina respiró hondo y se aproximó a la rampa.

«Ahora o nunca».

Echó un vistazo hacia Mack y sus compañeros para comprobar que nadie la veía, enfiló el morro con decisión y subió. En el interior, como sospechaba, no se atisbaba demasiado, así que encendió los faros. Y lo que oteó la dejó clavada en el sitio.

«Oh, por todos los…».

No solo era un compartimento de lujo, con televisión privada, teléfono y mil cosas más. No, eso no fue lo más impactante. Fotos. Muñecos. Trofeos. Imágenes. De repente, era como entrar en un universo exclusivo de Rayo McQueen. Tan atónita se encontraba que no volvió al mundo real hasta que no escuchó a su espalda:

—¿Aprovechando a investigarme, señorita Carrera?

—¡Ay! —saltó ella—. Yo, yo… —Sally reculó con torpeza, casi cayendo de la rampa cuando volvió a la luz. Por suerte, frenó a tiempo y dejó que Rayo le “echase una rueda” con el morro para no caerse. Sin embargo, al aterrizar en el asfalto, la joven se negaba a mirarlo a la cara—. Me… me lo he encontrado abierto y…

***

—Eh, eh… No pasa nada —la tranquilizó él, aunque le preocupaba un poco lo que hubiese visto. Al fin y al cabo, aquello era un templo al ego del tamaño del Empire State Building y Rayo “ahora” era consciente de ello. Y no pensaba que a alguien como Sally le gustase. Quería que ella tuviese otra imagen de él, algo real, diferente… No lo que era antes—. Si fueses cualquier otro, me preocuparía más… Pero tú… Bueno, supongo que no me importa que entres ahí.

Sally se rio por lo bajo.

—Desde luego, ese sería el sueño de cualquiera de tus fans, ¿verdad? —ironizó.

Rayo tragó aceite.

—Sí, lo sé. En mi vida anterior no era un ejemplo de humildad —admitió con modestia, antes de mostrar media sonrisa—. Aunque creo que Radiador Springs ha ayudado a cambiar eso.

***

Sally volvió los parabrisas hacia él, con el corazón aleteando como un escarabajo en dirección a la luz.

—¿En serio?

—Sí —afirmó Rayo antes de invitarla a subir con él al tráiler—. Venga, sube conmigo.

—¿Qué? ¿Yo? —Sally dudó un segundo mientras él reculaba para subir la rampa e insistía, con un movimiento de rueda—. Está bien, Pegatinas. Pero que no sea para presumir sobre tu grandeza o me doy media vuelta.

Rayo se rio.

—Tranquila. Esto no es algo que haría con cualquier coche —le guiñó un ojo—. No sé si me entiendes.

Sally, convencida, arrancó para subir tras él. Entonces fue cuando Rayo le dio al botón para cerrar la rampa y la joven se agobió por primera vez. Él, ella. Enfrente. Solos. Pero Rayo parecía cómodo y Sally intentó relajarse por todos los medios. Lo que no sabía era que él estaba igual o más nervioso que ella.

***

No había mentido… casi. Alguna que otra estilizada máquina o niña tonta había subido a aquel tráiler en el año anterior, pero ahora Rayo se sentía diferente. “Quería” ser diferente. No quería presumir. Por primera vez, quería impresionar a una chica por sus propios méritos, no por la cantidad de merchandising sobre él que atesoraba sobre las baldas.

—Fíjate —le indicó mientras apretaba otro botón.

Los neones que delineaban las aristas de la estancia y el falso cielo del techo se iluminaron suavemente, mientras que encima de ellos brillaban mil estrellas cambiantes. Sally estaba boquiabierta mirando hacia arriba y a Rayo le fascinaba ver su expresión. Su sinceridad. Cierto era que Sally solía plantar una barrera de ironía en casi todas sus frases cada vez que abría el capó, pero Rayo había visto fugaces destellos de su verdadero ser. Alguien con quien deseaba estar, por primera vez en su vida y por encima de todo.

—Sally —la llamó y ella pareció volver a la realidad. Sus ojos verdes cambiaban de tono con cada color del neón, embobando a Rayo cada vez más—. Yo…

Sus capós se acercaban. Cerraron los parabrisas… y una sacudida los devolvió a la Tierra, haciendo que protestaran. Fue entonces cuando se abrió la puerta del tráiler y asomó la extrañada cabeza de Mack.

—Pero, por todos mis ejes… ¿Qué hacéis ahí dentro?

(Continuará…)

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