animación · autor · cine · español · Fanfic · FanficThursday · infantil · juvenil · literatura · motivación personal · paula de vera · película · relato · relato corto · romántica · Saga · todos los públicos

#FanficThursday: Cars – “McQueen y Sally: One-Shots” (Capítulo 46)

Chapter 46 — Una nueva promesa (II) (Cars 3)

Sally and Lightning McQueen ~ 6 | Cars de disney, Disney cars, Disney pixar  cars
Rayo y Sally (Cars)

―¡Ya llegan! ¡Ya llegan! ―resonó la voz de Mater por todo el pueblo, nada más aparecer Mac por el primer recodo de la carretera, allá a lo lejos en la entrada de Cadillac Valley―. ¡Tuercas, cómo estaba esperando este momento! ―rezongó entonces, acercándose más hacia la entrada de Radiador Springs con una agilidad casi impropia de su edad, tanta era su emoción―. ¡Sally! ¡Chaval! ¡Vamos, que os lo perdéis!

Como si los hubiese invocado, dos figuras salieron entonces del lobby del Cono Comodín al mismo tiempo. La mujer, un Porsche de color azul cielo y rasgos maduros, meneó la cabeza con ironía al contemplar a la anciana grúa dando saltos en el asfalto como si no hubiese un mañana.

―Está bien, está bien, Mater ―lo tranquilizó sin alzar la voz, al tiempo que ella y otro coche más joven y brillante carrocería azul oscura se aproximaban a él sin prisa.

La enorme silueta de Mac se iba haciendo más grande en la distancia y Sally no pudo reprimir un escalofrío de anticipación cuando estuvo a apenas un kilómetro de distancia. Tanto tiempo esperando aquel momento…

―¡Eh, Cruz! ―saludó Mac a la primera figura que llegó circulando junto a Mac, una fémina de color amarillo a la que todos querían y apreciaban en el pueblo desde hacía casi veinte años―. ¡Bienvenida! ¿Cómo ha ido todo?

La Chevrolet latina mostró una sonrisa confiada mientras frenaba cerca de la gasolinera de Flo y Mac hacía algo similar en el espacio reservado junto a los surtidores.

―¡Genial! ―repuso Cruz Ramírez, con aire eufórica―. Desde luego, se nota que la niña lo lleva en los circuitos… Pero ―apuntó, cuando la rampa de Mac ya se abría unos metros más allá― mejor dejo que ella y su orgulloso progenitor te lo cuenten ―ironizó―. Ya están aquí.

En efecto, en cuanto el metal tocó el suelo, dos coches salieron de inmediato al soleado asfalto con sendas sonrisas pintadas en el capó. Sally Carrera se acercó de inmediato a ellas con idéntico gesto, emocionada a más no poder de volver a tenerlos junto a ella.

―¡Pegatinas! ―saludó a la más azulada.

―Sal ―repuso él, aceptando su pequeño beso en los labios―. Te he echado de menos.

―Y yo a ti… ―repuso la mujer. Al menos, antes de girarse hacia su hija mayor que ya estaba saludando a su hermano menor―. Bueno, a los dos ―se corrigió, haciendo que el coche rojo brillante se girase hacia ella―. Hola, cielo ―la saludó, a lo que Nayara Cruz correspondió con un cariñoso abrazo―. ¿Cómo ha ido todo?

―¡Eso, eso! ―jaleó Mater según su costumbre desde detrás de la debutante―. ¡Queremos detalles!

Cruz McQueen soltó una risita.

―Bueno, la verdad es que estaba muy nerviosa, pero… ¡he ganado! ―aseguró, orgullosa como un pavo real.

Por supuesto, las felicitaciones de todos los vecinos del pueblo, nuevos y antiguos, le llovieron de inmediato sin excepción.

―¡Ven aquí, pequeña! ―se adelantó entonces una anciana Flo, abrazándola con ganas.

―¡Tía Flo! ―la recibió la joven, encantada―. ¿Cómo estás? ¿Cómo va tu problema de refrigerante?

La aludida le quitó importancia con un gesto de rueda.

―¡Bah! Nada que no me vaya a poder solucionar la futura promesa de la medicina del pueblo. ¿Verdad, chaval?

En ese instante, toda la atención giró hacia Hudson McQueen. El cual casi se encogió sobre sí mismo al notar las miradas de todo Radiador Springs sobre su carrocería. Pero toda vergüenza dio paso a un intenso orgullo cuando el rostro de su hermana se desencajó al comprender lo que eso significaba.

―¡Hud! ―exclamó, acercándose a él con expresión incrédula―. Entonces… ¿Es… cierto? ¿Lo has…?

El más joven, tras intercambiar una mirada cómplice con su madre, asintió despacio.

―Sí, hermanita. Aquí tienes a la nueva promesa de Medicina de Harvard.

Cruz casi saltó de alegría antes de rozar sus guardabarros con los del benjamín de la familia.

―¡Eso es genial! ¡Papá! ¿Lo has oído?

―Como para no ―ironizó el aludido sin maldad desde detrás de su maletero, antes de acercarse a su hijo y chocar una rueda cariñosa con él―. Enhorabuena, chaval. Te lo mereces.

Hudson asintió, comedido.

―Gracias, papá. Es todo un honor.

―Aunque dice que no se lo pusieron nada fácil ―intervino entonces Sally, con el mismo orgullo rielando en sus ojos verdosos―, yo tenía plena confianza en que lo haría genial.

―Desde luego, ha tenido una gran maestra ―apuntó Rayo, haciendo que Sally casi se sonrojase―. Aunque eso significa que te veremos poco de aquí a unos meses… ¿No? ―preguntó entonces a Hudson.

Este, por su parte, asintió con naturalidad teñida de obvia lástima.

―Sí. Pero bueno, espero que mamá no nos eche demasiado de menos a ninguno.

―Oh, eso no vas a poder evitarlo, cariño ―le aseguró Sally, aunque sin rastro de reproche―. Lo que más me alegra es que, sea como sea, los dos podáis hacer lo que más os ilusiona.

―Y no tienes que preocuparte, campeón ―agregó Rayo entonces, para ligera sospecha del más joven―. A partir de ahora, creo que tu madre y yo vamos a tener más tiempo para estar juntos. ¿No es cierto?

Por supuesto, ante aquello su primogénita le dirigió una mirada no exenta de temor.

―Papá… Eso significa…

Rayo, intuyendo que aquel momento iba a llegar, se giró despacio hacia ella y le dirigió la sonrisa más confiada que fue capaz.

―Estrellita, ya sabes que me encanta verte correr… Y no te preocupes, lo seguiré haciendo de vez en cuando. ―Unas pequeñas lágrimas de comprensión parecieron asomar a los parabrisas de su hija al escuchar aquella, pero el ex corredor sabía que tenía que decirle todo aquello―. Pero poco más puedes aprender de mí ya, cielo. Y los dos lo sabemos. ―Comprendiendo, la joven asintió y sorbió, al tiempo que una diminuta sonrisa asomaba a su capó y no a sus ojos―. Sé que Cruz te cuidará bien. Siempre lo ha hecho y siempre lo hará.

La mirada de la muchacha tornó por un segundo hacia la aludida, que se había alejado unos metros y estaba departiendo con los vecinos de Radiador Springs. Sin embargo, en ese instante sus miradas se cruzaron y la complicidad fluyó en un segundo; dando a la más joven el coraje, sin quererlo, para asumir mejor la decisión de retirada definitiva de su padre.

―Está bien, papá. Tienes razón. Sé que mi madrina me protegerá, sea como sea.

―Y, siempre que nos necesitéis, estaremos aquí para vosotros ―terció su madre, conciliadora―. No sé tú, Pegatinas, pero yo espero dar guerra aún durante una buena temporada.

A lo que Rayo, sonriendo como pocas veces en su vida, replicó:

―No lo dudes, mi amor. Si podemos, vamos a dar guerra hasta que nos dejen y más allá…

«Porque, sin duda», pensó entonces el corredor, al ver a todos sus seres queridos reunidos, «no podría haberle pedido más a la vida que tener una familia tan maravillosa como la que tengo aquí… en este pequeño y apartado lugar llamado Radiador Springs».

FIN

Deja una respuesta

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.