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#FanficThursday: Step Up (Capítulo 14)

The Only One – Camille&Moose (Step Up Fanfic)

Capítulo 14 – No lo puedo creer (Nueva York)

Halloween

Para Paula

Camille:

Me arden los ojos, pero me niego a romper a llorar hasta que no llego a mi habitación. Por suerte, mi compañera de piso está de juerga en la fiesta de Halloween –sí, esa en la que yo debería haber estado– así que estoy sola para dar rienda suelta a gusto a mi frustración. Porque, por más que lo pienso, no lo entiendo.

Todavía recuerdo mi primer día de clase en la MSA. La alegría que sentí al encontrarme de nuevo con él. Ese clic en el pecho que me indicó que mi vida volvía a estar completa de nuevo. Recuerdo nuestro primer baile, cómo me sinceré después de eso con la situación que estaba viviendo en casa… Y él estuvo ahí. Siempre disponible cuando lo necesitaba. Si alzaba el teléfono para llamarlo entre lágrimas por lo que fuese, antes o después de irme a Nueva York, Moose contestaba. Si hacía falta, me venía a buscar a casa y nos tirábamos toda la tarde en el puerto o donde fuese, con tal de que yo olvidase mis fantasmas por un rato.

Tirada en la cama y sin haber soltado más que el bolso y el vaso vacío del Starbucks, me echo las manos sobre la cara en un intento inútil de que mis sollozos no se oigan, algo que consigo mucho más efectivamente enterrando la nariz en la almohada.

¿Qué ha pasado? ¿Qué ha cambiado? No entiendo nada. Estos dos últimos años, Moose y yo éramos casi como la pareja de moda en la MSA –pero sin salir, claro– de todo el tiempo que pasábamos juntos. Hablábamos del futuro, de que nunca nada nos separaría y que seguiríamos juntos hasta el fin del mundo. Pero ahora, ahora… “¡Demonios!”, maldigo con un puñetazo en el colchón. “¿Hemos crecido bailando y ahora se va a bailar a mis espaldas?”. Es cierto que sus padres no querían que volviese a bailar pero, ¿qué creía? ¿Que iba a ir corriendo a contárselo? ¿Que armaría un escándalo? ¡Ni que no me conociese, por amor de Dios! Me ha dolido, lo admito; mucho, muchísimo. No por el hecho de que baile sin mí, sino porque después de tanto tiempo no haya confiado en mí para contarme un secreto como ese.

Tal vez, solo tal vez, sea el momento de pasar página. Quizá será mejor que me centre en mis amigos y asuma que, de una manera o de otra, este nuevo Moose no tiene el hueco que tenía en mi vida y en mi corazón.

Con ese pensamiento amargo y tras llorar como una Magdalena durante al menos un par de horas, por fin me quedo dormida.

Moose:

“Eres idiota”, me repito por enésima vez, para fustigarme acto seguido con un: “¿por qué diantre no se lo dije?”. Lo mire como lo mire, debo admitir que no tengo respuesta para eso. He intentado excusarme con Camille pero, en el fondo, sé que no vale de nada, y menos en este momento. Debía haber estado para ella pero, qué sé yo… Me vi incapaz de negarle el favor a Luke de acompañarle. Cumplió con su palabra de traerme, pero lo de que fuese “a tiempo”… Me froto los ojos. Debería dormir, son las tres de la madrugada, pero me siento incapaz. Tenía que habérselo dicho, lo sé. Es mi mejor amiga, la única que tengo en la universidad y mi compañera de fatigas de toda la vida. No contarle que había vuelto a bailar ha sido la mayor falta de respeto hacia ella que he podido tener nunca, y mira que no es la primera vez que le hago un feo, aunque me duela admitirlo. No sé cómo lo hago, pero al final siempre acabo haciéndole daño. Pero debería intentar arreglarlo cuanto antes.

Decidido. Mañana voy a buscarla.

Camille:

Ha pasado una semana. Moose intentó venir a disculparse al día siguiente de Halloween pero, no sé por qué, me sentía incapaz todavía de verle siquiera la cara. Sé que le dolió que lo ignorase, el hecho de que apenas lo reconociese mientras pasaba con Kristin y con Jenny; lo vi en su cara. Pero no podía. Aún no.

Después de eso, apenas lo he vuelto a ver si no ha sido cruzándonos por el pasillo, algo que intento evitar a toda costa. Aunque admito que cada vez el enfado va remitiendo más, dejando solo un dolor sordo y una añoranza que intento evitar por todos los medios. Porque, aunque lo niegue, lo echo de menos con todas mis fuerzas. Mis días no brillan igual sin él. Echo en falta su alegría, su facilidad para hacerme reír… incluso que parezca que nos leemos la mente. Pero una vocecita machacona en mi cabeza sigue incordiando: “pero, ¿y si lo vuelve a hacer?”

Mi móvil vibra otra vez sobre la mesa. Sentada en la biblioteca, trato de ignorarlo por una centésima de segundo; pero, esta vez, la curiosidad me puede, porque no he tenido un mensaje suyo en toda la semana y, quieras que no, una parte de mí está deseando saber algo de él.

En efecto, el texto es corto pero conciso:

“Por favor, Camille. No aguanto más. ¿Podemos vernos en media hora?”

Debajo, una dirección y repetido: “por favor”. Meditando, me recuesto en el asiento sin dejar de mirar la pantalla del móvil. ¿Qué hago? ¿Voy? ¿No voy? “Bah, Camille, a quién quieres engañar”, me digo. “Quieres ir. Quieres verlo. No: te mueres por verlo, más bien”.

Sí, es cierto. Pero más le vale tener una buena excusa y una buena disculpa. Porque mi corazón, a pesar de todo, sigue partido en dos por su culpa.

Así que recojo, dejo las cosas en mi habitación de la residencia y salgo hacia el lugar de encuentro. Una vez allí, me siento en las escaleras, nerviosa y preocupada. Por un momento, estoy tentada de echarme atrás. Pero en ese momento, noto cómo se sienta a mi lado y me dice:

–Hola.

Y yo, sin levantar la cabeza, respondo:

–Hola.

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