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#FanficThursday: Step Up (Capítulo 12)

The Only One – Camille&Moose (Step Up Fanfic)

Capítulo  12 – No podría dejarte  (Baltimore)

Camille

Respiro hondo. Las notas empiezan a sonar. Avanzo despacio. Me sitúo en el centro del escenario.

Mi boca se abre… y empiezo a cantar.

Estaba asustada, aterrada, paralizada… entre bambalinas. Pero en cuanto he salido y he notado el foco sobre mi rostro, es como si esa luz borrara las dudas, las sospechas, los temores.

La música crece, los bailarines salen a escena. Kido y Andie me flanquean casi todo el tiempo, mientras el resto de compañeros las hacen girar y moverse por los aires con una gracilidad que sé que ninguno de ellos pensaba que tendría. Alguno, de vez en cuando, me recoge a mí también en sus brazos y paso de mano en mano mientras las notas se siguen alzando desde mi garganta hacia el cielo. Russell y su grupo están detrás simulando un vals. Pero en cuanto la música se empieza a atenuar de nuevo, Chase se empareja con Andie y Monstruo con Kido, todo el mundo se aparta para dar paso a una sola silueta, solitaria en la luz, que se acerca por mi espalda. Yo me giro y le tiendo la mano. Él la coge, bailamos, giramos despacio, me da una vuelta, le acaricio la mejilla conteniendo casi las ganas de acercar mis labios a los suyos… juntamos nuestras frentes con las últimas notas…

Se hace el silencio, se apagan las luces, el público rompe en aplausos tras un par de segundos de tensa espera y entonces noto cómo Moose se sacude con una risa. Yo no puedo contenerme más y lo abrazo. Él me responde, pero en cuanto las luces se encienden de nuevo, indicándonos en silencio que tenemos que saludar, nos separamos como si nuestro contacto diera calambre. Aparto el rostro mientras sonrió en dirección al salón de actos, esperando que no se note que estoy más alterada de lo que querría admitir. Él aparta la vista también, pero me toma la mano antes de inclinarnos en una educada reverencia.

Moose:

Estoy como en una nube. No me creo lo que está pasando. Lo he hecho. He subido a un escenario. Me he quitado el traje de streetdancer y, aunque haya sido por un breve instante, he bailado con Camille como deseaba hacerlo. Era como si solo estuviésemos los dos, solos. Y cuando me ha tocado la mejilla –algo que no estaba previsto en el ensayo general, dicho sea de paso– el corazón parecía querer salírseme del pecho. “Espabila”, me digo, procurando centrarme. ¿Qué me pasa? ¿Qué es lo que tiene mi mejor amiga que hace que apenas veinte segundos con ella en el escenario hayan estado a punto de empujarme a cometer una locura delante de toda la escuela? La respuesta, aunque incómoda, sigue dando vueltas en mi cabeza sin que pueda evitarlo mientras todo el mundo nos felicita. Camille y yo nos hemos separado cuando han llegado nuestras familias, pero me pongo alerta en cuanto veo que Collins, tras una corta felicitación dirigida hacia los competidores de Las Calles, se aproxima a Cam y su familia con una radiante sonrisa. Se me congela la garganta y aparto la vista en cuanto compruebo que los Donovan, especialmente una despechada Catherine, se pasean por los alrededores para averiguar qué está sucediendo. Y no es para menos.

Camille Gage, esta noche, ha hecho honor a su apellido. Al mismo que comparte con el chico alto de ojos claros que ahora apoya las manos en sus hombros. Tyler. Suspiro y mi mirada se cruza cómplice con la de Andie. Sí, a ambos nos gustaría ser como él. A ella, además, veo que el aludido le hace una seña discreta de felicitación y Andie se sonroja. Yo estoy histérico perdido. Necesito saber qué es eso que ha dicho Collins que acaba de provocar que Nora y la madre de Cam se echen las manos a la boca, como si no lo creyeran. Y más aún cuando un hombre alto y desconocido se acerca animado por el director de la escuela y saluda educadamente a Camille.

No puedo más. Un sudor frío me está empezando a correr por la espalda y sé que eso no es bueno. No me encuentro bien y prefiero irme de aquí. Por ello, me disculpo con mis compañeros sin mucha explicación y les digo a mis padres que si podemos irnos a casa. Y debo ser un suplicante o un falso enfermo estupendo porque mi madre ni se lo piensa.

Cuando salgo por la puerta, ni siquiera miro atrás hacia donde está Camille. No podría soportar que mis sospechas fuesen ciertas.

(Al día siguiente)

–Ah, así que estás aquí.

Su voz me hace pegar un brinco sobre el alféizar de la ventana. Hoy no tenía estómago para volver a clase ni para ver a nadie, así que me he subido a una de las aulas “deshabitadas” del último piso –esas salas viejas y polvorientas a las que casi nadie entra ya porque están casi cayéndose a trozos, concretamente– para mirar por la ventana y reflexionar. Pero cuando la miro, el dolor vuelve a cruzar mi cuerpo como un latigazo.

Como todo el mundo, o incluso mejor que ellos, he escuchado los rumores.

Pero no pensé que me resultaría tan difícil. Total, ya la perdí una vez, ¿no? Debería estar curtido en este tipo de situaciones.

–¿Qué quieres, Cam? –pregunto sin girarme apenas hacia ella–. ¿Qué haces aquí arriba?

Sus pasos dejan de crujir sobre la madera vieja y sé que se ha parado.

–No… te he visto desde anoche y… quería hablar contigo.

Trago saliva y aprieto los puños, tratando de dominarme.

–No hace falta que digas nada –murmuro–. Ya me he enterado…

Se hace el silencio entre los dos, hasta que Camille lo rompe con una pregunta que no espero.

–Enterado… ¿de qué?

Muy a mi pesar, dejo que vea mi rostro descompuesto por la pena.

–De que te vas –replico sinceramente antes de apartar otra vez la mirada. No puedo soportar mirarla a la cara sabiendo que voy a perderla. Otra vez–. De la oferta de la Escuela Superior de Ballet de Nueva Jersey para que vayas a estudiar con ellos –la oigo resoplar y añado–. De verdad, es una oportunidad única y me alegro por ti…

–Moose, tú eres tonto de remate.

Camille:

Madre mía. Por un momento pensaba que iba a confesarme que ya sabía lo que sentía por él. Cuando se fue ayer sin mirarme dos veces y no habiéndolo visto en la MSA en toda la mañana, mi estómago se había ido convirtiendo en un nudo cada vez más apretado. ¿Fue demasiado evidente? Sí, lo sé. Lo de la mejilla estaba de más. Pero, ¡qué narices! ¡Estaba actuando!

Pero vamos, cuál no ha sido mi inmensa tranquilidad cuando mis sospechas han errado de pleno. Aun así, ¿dónde están sus capacidades para enterarse de las cosas de la escuela si ha entendido todo al revés?

Me ha vuelto a mirar, con las cejas levantadas y los labios apretados en una mueca muy suya, con lo que le aclaro mientras me acerco:

–Para tu información, he rechazado la plaza en ese ballet –y antes de que pueda recuperarse de la sorpresa y abrir la boca, prosigo–. Sí, es una oportunidad de oro, pero no es lo que quiero. Aquí –señalo a mi alrededor–, tengo mi familia, mi gente… todo lo que quiero.

>> Y jamás, jamás, renunciaría a eso –recalco antes de desinflarme ante su carita avergonzada–. No podría alejarme otra vez, Moose. No lo soportaría.

Moose:

Sin quererlo, sonrío, aunque he sido un idiota de remate, es cierto.

–Entonces, ¿te quedas?

Camille:

Pongo los ojos en blanco.

–Claro que sí, tontorrón. ¿Quién se iba a ocupar si no de mejorar tu estilo en clase? –bromeo.

Sonreímos y nos levantamos. Pero entonces, hace algo que no espero. Con un solo movimiento, me coge en brazos y me abraza. Grito por la sorpresa y me río, pero después le devuelvo el gesto apoyando la cabeza en su pecho.

–Gracias, Cam –susurra sobre mi pelo antes de separarse.

Y yo, conteniendo de nuevo un impulso algo suicida para nuestra relación, me recoloco la mochila con un gesto que pretende ser casual y lo empujo hacia la puerta mientras me vuelvo a reír por lo bajo.

–Venga, que llegamos tarde a clase con Collins.

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