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#FanficThursday: Cars – “McQueen y Sally: One-Shots” (Capítulo 33)

Capítulo 33 — San Valentín accidentado (I) (Cars 2)

Lightning Mcqueen Mater Sally Carrera The Walt Disney, HD Png Download -  kindpng
Mater (customizado), Cars

14 de febrero de 2012, Radiador Springs

Febrero. Invierno. El mes más corto del año. Solo de pensarlo, a todos se nos pondrían los pelos de punta y correríamos a arrimarnos al radiador más próximo. Pero claro, pensamos como humanos. Y, en este pequeño mundo alternativo… Ellos son mucho más resistentes que nosotros. Esta es la tan esperada historia de una cita largamente pospuesta… o, al menos, sus pormenores.

En este día tan señalado, Mater, la grúa, se encontraba tan nervioso como Rayo McQueen antes de su primera carrera, allá por el comienzo de su andadura en el mundo del NASCAR. Y es que … ¡llevaba esperando aquella cita desde el verano pasado! ¡Qué demonios! Hacía tantos años que no se encontraba con una chica tan especial…

Cierto era –y tenía que reconocerlo, con un nudo en el estómago– que, de puertas para afuera, podría parecer hasta extraño. Holley era mucho más joven que él, lo que de seguro daría lugar a algún comentario. O no. Puesto que, en el mundo de los coches, sí que se cumplía a rajatabla aquello de: «la edad no importa».

Sin embargo, ¿de qué hablarían? De espionaje, seguro que no; aquello era un tema delicado y una buena agente secreta que se preciase no podría ir desvelando secretos de su profesión, así como así; aunque Mater hubiese estado metido hasta los faros en uno de los casos más importantes del año anterior.

¿De mecánica? Mater sacudió la cabeza con rechazo, mientras no terminaba de decidirse sobre cómo presentarse a la cita. A una chica dulce y preciosa como Holley no se le podía empezar a hablar de tuercas y destornilladores, o seguro que se aburriría. ¿Entonces…?

«Ay, céntrate, viejo idiota», se reprendió, resoplando como una locomotora de las antiguas. 

Aunque, de repente, lo recordó. ¡Ya sabía a quién podía recurrir!

—¡Tuercas! —exclamó, antes de salir disparado hacia el Cono Comodín.

Donde la joven dueña, para más señas, se acababa de despertar con una maravillosa sorpresa.

—¡Rayo! —exclamó al llegar al lobby y verlo todo lleno de flores y dulces—. Pero, ¿qué…?

Su flamante marido sonrió con amplitud, encantado.

—¡Feliz San Valentín! —canturreó—. ¿Qué? ¿Te gusta?

Sally apenas atinó a responder a la primera, mientras sonreía a su vez como la idiota enamorada que era.

—Es… ¡precioso! —exclamó, emocionada, antes de darle un fuerte beso—. Pero no tenías que haberte molestado, de verdad… Esto…

—Eh, si te tranquiliza, las flores son de Rojo —la interrumpió él antes de encogerse ruedas y agregar, guasón—. Me las ha dejado a buen precio, no podía resistirme…

—¡Oh, cállate! —le pidió ella, avergonzada, antes de besarlo de nuevo—. ¿Y tú? ¿No vas a preguntarme qué tengo para ti en este día tan especial?

Él mostró media sonrisa interesada.

—Sorpréndeme —ronroneó.

Sally imitó su gesto y avanzó hacia la salida. Él la siguió y ella cerró la recepción, sin abandonar su expresión enigmática. Algo que solo cambió cuando llegaron frente a la zona tras la gasolinera de Flo, próximo al taller de Ramón, y a Rayo se le desencajó la mandíbula de forma encantadora.

—No lo dirás en serio… —preguntó, incrédulo y emocionado, todo en uno—. ¿Cómo lo has conseguido?

La pregunta, para más señas, iba encaminada al hecho de que en el recién abierto spa de Flo había que pedir reserva con, mínimo, dos meses de antelación desde que había abierto el verano pasado, poco después de que Rayo y Sally se casaran.

—Bueno —Sally movió una rueda azorada sobre el asfalto—. Sabes que Flo seguía sintiéndose en deuda por haberle echado una mano para la financiación inicial; y… no ha habido manera de decirle que no, hasta que accedí. Pensé que… sería interesante darte una sorpresa…

Tras el pequeñísimo enfado inicial –ya que el corredor creía que aquella aportación era algo desinteresado, como todo lo que hacían para mejorar el pueblo–, Rayo meneó el morro, derrotado; pero sin poder dejar de pensar lo adorable que aún resultaba Sally, por muchos años que pasase a su lado.

—Está bien —cedió, sonriendo más animado ante la perspectiva de una velada entre relajante espuma junto a su mujer—. Vosotras ganáis.

Como si la hubiesen invocado, Flo apareció en ese instante, radiante de felicidad.

—¡Buenas, chicos! —los saludó—. ¿Listos para vuestra sesión romántica?

Ambos agacharon el morro con una risita, pero se dispusieron a seguir a la dueña del lugar sin rechistar. Al menos, hasta que una voz que los dos conocían de sobra resonó tras sus capós.

—¡Eh, colega!

El corredor maldijo levemente, para sus adentros, antes de volverse.

—¡Mater! —saludó con una sonrisa apretada—. ¿Qué haces aquí?

La grúa no pareció percatarse de que interrumpía, como de costumbre.

—Ay, chico, no sabes la alegría que me da encontrarte —resopló—. Es que… Necesito tu ayuda.

—Y… ¿Tiene que ser ahora? —preguntó su mejor amigo, en un tono que no dejaba lugar a dudas sobre que aquel no era el mejor momento.

De golpe, Mater pareció percatarse de la situación y sus labios formaron una “O” perfecta.

—Oh, vaya… Sí, quizá no es… Bueno, no importa.

Ya se daba la vuelta para irse cuando Sally le hizo un gesto elocuente a Rayo. Este, a regañadientes, resopló y abrió el capó de nuevo.

—¿Qué necesitas, Mater?

«Espero que sea rápido»

La grúa, al escucharlo, se volvió de un salto agitando el cable; igual que un perro robótico feliz agitaría el rabo ante la llamada de su amo.

—¿De verdad? Oh, bueno, no quiero robarte mucho tiempo —agregó, al darse cuenta de que Sally estaba esperando unos metros más allá, mirando hacia el spa de Flo—. La cosa es que… ya sabes que he quedado con Holley y… No sé —dudó, cohibido—. No quiero quedar como un idiota. Hace demasiado que no salgo con una chica… No es que yo no haya sido un mujeriego en mis épocas, entiéndeme; todas querían estar conmigo. Pero… es que…

—Vale, Mater. Para —le pidió Rayo, intuyendo que la vieja grúa se iba a ir por las ramas—. Esto es sencillo —lo tranquilizó—. Holley te conoció siendo como tú eras, te vio fingiendo ser espía y no siéndolo… Así que, simplemente, sé tú.

—¿Tú crees que le gustaré si soy yo mismo?

Rayo puso los ojos en blanco.

—Colega, ya hemos hablado de esto. Si no eres tú mismo, no llegarás a ninguna parte. Y, ¿no crees que, si Holley ya ha aceptado salir contigo después de todo lo que pasó y lo ha mantenido, a pesar de los meses que han pasado, será por algo?

—¡Tuercas! —exclamó Mater, comprendiendo—. ¡Tienes razón! ¡Gracias, tío! ¡Pásalo bien!

—¡Hasta luego, Mater! —se despidió Rayo, volteando para encaminarse hacia el spa.

De todas formas, cómo podía llegar a complicarse la vida su mejor amigo…

(Continuará…)

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