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#FanficThursday: Step Up (Capítulo 18)

The Only One – Camille&Moose (Step Up Fanfic)

Capítulo 18 – Que si hemos hecho, ¿qué? (Nueva York)

Camille:

Queda poco para Navidad. Ya no es solo cuestión de que lo diga el calendario; es como si, digamos… se palpase en el ambiente. La escarcha en las ventanas, las bufandas, los abrigos… Los cafés del Starbucks en la mano mientras te sientas tranquilamente con tus compañeros en los sofás del hall de la residencia. Sin hacer mucho aspaviento, mientras bajo las escaleras me coloco bien la coleta baja, me ajusto la boina de terciopelo dejando un par de mechones sueltos a ambos lados de las orejas –cuidadosamente ondulados con las tenazas, por supuesto– y me ajusto el cuello alto de la sudadera beige.

Sin embargo, en cuanto estoy a punto de enfilar el pasillo de salida de la residencia, dos figuras me cortan el paso sin violencia, pero con la sorpresa pintada en sus respectivos rostros.

–¡Cam! –me saluda entonces Kristin, cuya boca forma una O perfecta–. Vaya, qué sorpresa verte después de tanto tiempo…

–¿Cómo te han ido los exámenes? –pregunta entonces Jenny, tratando de mantener un tono casual.

Por un instante, me quedo sin saber qué hacer a la vez que cierto sentimiento de vergüenza me recorre la espina dorsal. Desde que empecé a salir con Moose, hace algo menos de un mes, es cierto que he visto a mis antiguas amigas menos que nunca. Pero, ¿qué le voy a hacer? Si antes no había quien nos alejase ni con agua caliente, ahora creo que ni la lava de un volcán sería capaz de separarnos. Y, por lo visto, Kristin y Jenny lo han acusado bastante. “No puedo renunciar a esto por estar saliendo con alguien”, me reprendo de inmediato. “Y Moose deberá empezar a acostumbrarse”.

–Bien. Bien –respondo enseguida, siguiendo el tono de la conversación–. ¿Y a vosotras? ¿Qué tal os ha ido?

–Bastante bien, también. Sí –replica Kristin con algo que me parece una sonrisa forzada–. Pero, bueno… –en ese momento intercambia una mirada elocuente con Jenny que, sin quererlo, me hace recelar–. ¿Qué tal te va a ti con tu chico?

Trago saliva. Los ojos de Kristin son como dos pozos de acidez. Por lo visto, aún no me ha perdonado que la abandonase por Moose en Halloween y, menos todavía, que luego él me dejase tirada igualmente. Creo que, de hecho, le gusta regodearse en ello.

–Bastante bien –respondo entonces en voz baja– y, Kristin, de verdad que siento lo que pasó aquella vez…

Ella asiente y parece quitarle importancia con un gesto de la mano.

–Sí, ya me lo dijiste en su día. Pero, en serio, Camille: creo que no se merecía esa segunda oportunidad después de cómo te trataba como amiga…

Aprovechando que tengo los puños metidos en los bolsillos de la trenca, los aprieto hasta clavarme las uñas en las palmas mientras me obligo a sonreír algo artificialmente.

–Eso es asunto mío, Kristin –le advierto con voz suave–. Pero si va a ser un impedimento para que seamos amigas, entonces quizá deberíamos dejar de serlo…

Por un instante, la veo dudar ante mi respuesta y me duele. ¿Está celosa, acaso? ¿O va a odiar a Moose por el resto de la eternidad? Discretamente, miro mi reloj de pulsera. Aún llego a tiempo a nuestra cita en Central Park, pero no puedo retrasarme mucho más.

Pero entonces es cuando Jenny, sin maldad alguna, se aproxima a mí con sus ojos rasgados brillando de expectación y me pregunta:

–Oye… Y… ¿Lo habéis hecho ya?

Me quedo clavada en el sitio, sin ser capaz de reaccionar. ¿Se refiere a…? Por el momento, solo de pensar en ello me corre un sudor frío por la espalda, pero trato de disimular alzando las cejas y sonriéndola con inocencia.

–¿El qué? –pregunto, haciéndome la tonta a propósito.

Ella pone los ojos en blanco, obviamente, antes de aclararme en un hilo de voz.

–Pues eso, ya sabes… Acostaros… –de repente, me mira con una cara un poco rara que me hace querer salir corriendo de allí–. ¿No seréis…?

–Eh… No. No lo somos –replico rápidamente, deseando dejar de dar explicaciones sobre mi vida personal–. De todas formas estamos yendo despacio. Ya sabéis, tantos años juntos como amigos… –estoy dando esas explicaciones, maldita sea–. Oíd, chicas. Llego tarde, he quedado con Moose… Pero, ¡tenemos que vernos un día! –prometo con alegría que espero que no se note que es en parte fingida.

Jenny y Kristin, por su parte, optan por no seguir ahondando en el tema y me responden con sendas sonrisas y asentimientos de cabeza. Resoplo. “Bueno, al menos esto he conseguido arreglarlo”, pienso aliviada mientras echo a correr por el pasillo en dirección a la salida. Sin embargo, la idea que acaban de plantar en mi consciencia, queriendo o no, me martillea el cráneo hasta el momento en que veo a Moose a lo lejos, esperándome.

Moose:

Como siempre, se me seca la boca al ver a Camille aparecer. Solo que últimamente parece que lo hace a propósito. Lo de arreglarse especialmente, me refiero. Parece como si cada día intentase demostrarme que aún puede dejarme con la boca abierta a pesar de los años.

Cuando llega a mi altura, me levanto la solapa de la gorra mientras ella acerca su carita helada a la mía y ambos entramos en calor con un beso que creo que hubiese derretido los polos en un segundo. Hace un mes, probablemente, hubiese pensado que algo así era una completa locura; pero lo cierto es que besar a mi novia se ha convertido casi en una droga de la que soy incapaz de prescindir.

No obstante, de inmediato, una ráfaga de aire helado que acaba de recorrer Central Park llega hasta nosotros y nos vemos obligados a separar nuestros labios, aunque nuestros cuerpos se pegan aún más para mantener el calor.

–Vamos a algún sitio cerrado –sugiero junto a su cuello.

Ella mueve la cabeza de arriba a abajo y, como si hubiésemos pensado lo mismo, ambos nos encaminamos a la vez hacia el bar donde trabajaba Luke antes de ganar el World Jam e irse a Los Ángeles con Natalie.

No ha cambiado nada. Enseguida, buscamos el rincón del fondo y, cuando se acerca el nuevo camarero, pedimos dos cafés. Antes de que nos sirvan, sin embargo, noto que Camille se pega a mí más de lo normal pero, considerando que llevamos un mes juntos, es la menor de mis preocupaciones. De hecho, cuando vuelve a besarme, atrapando primero mi labio inferior, noto cómo algo se desata dentro de mí y especialmente en determinadas zonas del cuerpo.

Pero en cuanto quiero responderle, tan rápido como llega ese arranque pasional, Camille se retira y baja la cabeza. Alto, alto… ¿qué narices está pasando aquí?

Despacio, la tomo por la barbilla e intento que levante la cabeza hacia mí.

–Ey, Cam… –ella me hace un poco de caso, pero no todo el que esperaría, lo que hace que una vocecita insidiosa en mi cabeza empiece a dar la lata–. ¿Va todo bien?

De repente, mi chica parece volver al mundo real.

–¿Qué? Sí, claro –responde rápidamente, a la vez que toma un sorbo de café sin mirarme.

Me preocupo por su actitud. Pero aún más porque, de un momento a otro, su cuerpo ha empezado a temblar ligeramente. ¿Qué…?

–Camille –como un reflejo, le cojo las manos en cuanto suelta el café sobre la mesa–. Oye, ¿ha pasado algo? ¿He hecho algo que no te haya gustado…?

Intento no sonar nervioso, pero lo cierto es que me resulta complicado. Ella, por otro lado, parece no saber exactamente cómo decirme lo que cruza por su cabeza.

–No es nada –repite, aunque su voz parece menos segura que antes–. O, bueno, nada que no supiera que podía llegar a pasar… –estoy totalmente despistado, pero prefiero morderme la lengua y no hablar. Que Cam suelte lo que tenga que decir y ya está. Mejor cuanto antes–. Verás, hoy… Me he encontrado con Kristin y Jenny, he estado hablando con ellas y… Bueno… –por un momento, maldigo para mis adentros a esas dos arpías, especialmente a Kristin. No me ha pasado por alto el hecho de que cada vez que nos cruzamos me mira con cara de halcón a punto de lanzarse sobre su presa. ¿Qué han podido decirle a Camille? Pero, para mi mayor estupor, enseguida lo descubro–. Me han preguntado que si tú y yo ya… En fin –hace un gesto elocuente con los hombros que entiendo a la perfección, aunque mis ojos se abren desmesuradamente a causa de la sorpresa–. Ya sabes.

Sí. Lo sé. Pero el primer pensamiento que cruza por mi cabeza es: ¿y a ese par de brujas qué narices les importa? Sin embargo, visto el nerviosismo de Camille, no digo nada en voz alta. Más que nada porque, de repente, solo de imaginarme ese momento en mi cabeza me hormiguea todo el cuerpo con una sensación que creía olvidada hacía mucho tiempo. También es cierto que ni Camille ni yo somos novatos en el tema. Ambos hemos tenido relaciones sexuales con alguien antes –en mi caso, aunque no quiera pensar mucho en ello, fue con Sophie– pero reconozco para mis adentros que, si nos resultó difícil dar el paso de salir juntos, esto puede ser el ascenso al Everest comparado con aquello.

No obstante, una cosa sí tengo clara: quiero estar con Camille. ¿Que si tengo miedo? Claro que sí, pero a veces conviene tragarse el orgullo y tirar hacia delante. Lo que no puedo soportar es ver a Cam tan preocupada.

–Oye, Cam –la llamo con toda la dulzura que soy capaz para que se relaje, a la vez que apoyo una mano rodeando su cintura. Al menos así puedo disimular que yo también estoy ligeramente nervioso–. Primero de todo: Kristin y Jenny pueden meterse su opinión al respecto por donde les dé la real gana –ella suelta una risita a la vez que sus mejillas enrojecen de una manera maravillosa–. Y segundo… Nadie dice que tengamos prisa. Yo estoy seguro de que cuando tenga que llegar el momento… –trago saliva, sin saber si me creo lo que estoy a punto de decir–. Será estupendo. Estoy seguro.

Sigo dudando, y realmente temo decepcionarla cuando llegue ese instante. Pero el brillo de esperanza que se apodera de esos ojos color café que me vuelven loco perdido hace que, de golpe, me crea todas y cada una de mis afirmaciones.

–Yo también –contesta Cam entonces, antes de besarme de nuevo como al principio de la tarde–. Sé que cuando estemos preparados, todo irá bien. Porque confío en ti.

Sonrío con la emoción a flor de piel y contemplando, por primera vez sin terror, la posibilidad de estar con ella en la mayor intimidad posible y que todo salga bien.

–Y yo en ti, Cam –afirmo igualmente–. Nunca dejaré de hacerlo.

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