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Reseña nº 137 – El arcano y el jilguero, Ferrán Varela

¡Buena tarde, ratones lectores!

Ha pasado un tiempo, lo sé. No tanto como la última vez, diría, pero con deciros que terminé este libro allá por febrero o marzo de 2026 os lo digo todo… Sí, la vida —y el dibujo, también— me han tenido algo apartada de la concentración necesaria para escribir textos largos. Lo que no significa, como veis, que os abandone :)

Hoy nos vamos de viaje a un mundo algo oscuro, plagado de referencias a épocas muy antiguas y con reminiscencias de la Europa de los primeros tiempos, siempre que tengamos claro que estamos ante fantasía y no ficción histórica. Una historia que empezó revolviéndome el estómago, se hizo un hueco en mi corazón y, en mi opinión, funde a negro en el momento justo.

¿Os venís?

SINOPSIS

El mundo lleva años en guerra. Los emperadores, uno tras otro, tratan de conquistar hasta el último rincón de tierra y mar que puedan abarcar. Para lograrlo, los Arcanos ejercen su voluntad en nombre del miedo a los dioses y a lo desconocido, recurriendo a métodos que nadie más se atrevería siquiera a imaginar.

Pero Mezen no es como los demás. El Ariete, el más temido de los sicarios del emperador, arrastra tras de sí una capa de rostros desollados y una reputación que lo precede allá donde va. Sin embargo, bajo esa apariencia implacable se esconde una mente que no deja de cuestionarse el verdadero propósito de sus misiones. ¿Sirve realmente lo que hace para alcanzar el objetivo al que está destinado? ¿Habría otra manera de hacer las cosas? ¿Es posible cambiar el rumbo de un Imperio?

La llegada de Nara a su vida no hará más que complicar esos debates internos y obligarlo a enfrentarse a decisiones que podrían cambiar el futuro de ambos.

¿Es Mezen la clave para conducir al Imperio hacia un nuevo rumbo o será, simplemente, la semilla de un cambio que quizá no llegue a ver florecer?

RESEÑA

⭐⭐⭐⭐ (4/5)

Como adelantaba, esta es una novela que me ha gustado bastante más de lo que esperaba en un principio. Si bien el primer capítulo, como también anticipaba en la introducción, es extremadamente impactante —y no apto para estómagos o mentes delicadas, aviso—, darle una oportunidad a Mezen como protagonista y acompañarlo a través de su propia perspectiva ha sido una de las mejores decisiones lectoras que creo haber tomado últimamente.

Sí que es cierto, como indicaba en la sinopsis, que no es un personaje de blanco impoluto, ni de lejos. Sin embargo, tampoco es una figura completamente oscura, opaca y despiadada por puro placer. Es una combinación bastante peculiar entre «hago esto por deber al emperador y porque en su día decidí tomar este camino» y «¿es realmente el camino que quiero seguir durante el resto de mi vida, hasta que no quede nada fuera del Imperio?».

Y ahí está, para mí, una de las grandes virtudes de la novela: Mezen no es un personaje que se limite a ser lo que parece desde fuera. Hay una diferencia entre lo que hace, lo que cree que debe hacer y lo que empieza a plantearse que podría hacer. Y esa tensión interna es precisamente lo que consigue que te intereses por él, incluso cuando sus actos te revuelven el estómago o te hacen cuestionarte hasta qué punto puedes empatizar con alguien así.

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Por otra parte, como mencionaba al principio de la entrada, la novela me recuerda claramente a la época del Imperio romano. Es como si Varela hubiese tomado esos siglos como referencia histórica y, a partir de ahí, hubiese colocado las piezas de su propio tablero a conveniencia para construir una historia de fantasía épica oscura. No es una recreación histórica, por supuesto, sino un mundo que aprovecha ciertas reminiscencias para dar forma a una realidad propia.

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Y vaya realidad. Porque sí, esta es una historia bastante «sucia», considerando todo lo que rodea a Mezen y muchas de las situaciones en las que se encuentra. No es una fantasía de héroes luminosos que siempre saben qué hacer ni de decisiones que se resuelven con un discurso bonito y un par de buenas intenciones. Aquí hay violencia, crueldad y un sistema que parece haber asumido que determinados horrores son simplemente parte del funcionamiento del mundo.

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Quizá por eso Nara funciona tan bien como contrapartida a esa oscuridad. Y admito que, por otros motivos, su nombre también me llegó hondo :) Su presencia obliga a Mezen a replantearse muchas cosas, empezando por la responsabilidad de cuidar de otra persona. Ella le salva la vida, ambos se protegen mutuamente y, desde luego, Nara no se limita a agradecer que la hayan rescatado y quedarse calladita. No le consiente según qué cosas y lo encara con su tozudez una y otra vez, dejándole claro que no es la cría desvalida a la que rescató de unos acosadores en la nieve. Es mucho más que eso.

Además, lleva su cultura por bandera, sin exigirle a Mezen que reniegue de la suya ni que se transforme de la noche a la mañana en otra persona. Él, por su parte, tampoco intenta doblegarla a las creencias del Imperio. De hecho, llega a respetarla más que a muchos de sus propios ciudadanos.

Y es precisamente esa dinámica la que me ha gustado tanto: dos personajes que no necesitan pensar igual ni compartir las mismas creencias para aprender a respetarse y protegerse mutuamente. Nara no está ahí simplemente para redimir a Mezen ni para convertirse en una excusa que justifique sus decisiones. Tiene su propia personalidad, sus convicciones y su manera de plantarle cara al mundo.

La cuestión, como decía, es que resulta difícil imaginar que la historia de unos personajes así pueda acabar bien del todo, al menos si queremos mantener cierta coherencia con todo lo que han vivido. El pasado es un fantasma puñetero, y Mezen se debate constantemente entre lo que ha hecho y lo que realmente quiere hacer para salvar al Imperio o, al menos, proteger la paz.

Quizá lo admito: los personajes con claroscuros tan marcados me gustan bastante :) Me interesa más alguien que tiene que enfrentarse a las consecuencias de sus decisiones, que duda y que no siempre sabe si está haciendo lo correcto, que un protagonista que parece tener todas las respuestas desde el principio.

Y reitero que el libro cierra en el momento justo para no hacernos sufrir más de lo necesario. No voy a entrar en detalles, pero creo que prolongar la historia más allá de donde lo hace habría corrido el riesgo de restarle fuerza a lo que ya ha construido y dejar una sensación excesivamente agridulce al lector.

Con todo esto, solo puedo concluir alabando el estilo y la prosa de Ferrán Varela, reconocer el mérito de desarrollar una novela con un protagonista tan complejo y unas reflexiones que invitan a pensar y conectan con el lector, y quedarme con ganas de leer más obras suyas en el futuro.

Y esto es todo por mi parte de momento. Recordad seguir el blog a través de los botones de la derecha, así como mis redes sociales :) Ah, y ¡no olvidéis darle a la estrellita si os ha gustado la entrada! <3

¡Os quiero!

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