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#FanficThursday: Cars – “McQueen y Sally: One-Shots” (Capítulo 14)

Capítulo 14 — Recuerdos (Cars)

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Sally Carrera, Cars

El verano ha vuelto. Para la mayoría, eso significaría una época de tranquilidad y reposo. Pero no para mí. Suspiro y tiemblo de emoción contenida. Puede que esta sea la temporada del año con más trabajo para mí –no en vano, regento un motel en medio de la carretera más popular del país–, pero también es la más feliz.

Porque lo tengo casi cuatro meses solo para mí… Bueno, no del todo. Si no contamos a Mater, que se lo lleva a hacer locuras por el monte cada dos por tres. Pero algo sí sé seguro: después de eso, el campeón regresa siempre a mis ruedas. El crepúsculo, la noche y el amanecer son para nosotros dos, para estar ventana con ventana hasta que el sol se alce de nuevo.

Sin quererlo casi, miro detrás de mí. La silueta oscura de La Rueda parece observarme; pero me siento protegida, no amenazada. Tengo un vínculo extraño con este lugar. Es como si, cada vez que tuviese problemas o reflexiones, me llamara para acogerme bajo su sombra. Me estremezco; pero de anticipación, no de miedo. Durante nuestro primer verano juntos, Rayo y yo hablábamos a veces de lo bonito que sería recuperar el lugar y que volviese a tener el esplendor de antaño. Quién sabe: quizá, con la nueva afluencia de clientes, no sería mala idea. Supondría el doble de trabajo; pero, cuanto más lo pienso, menos me preocupa ese aspecto. Nunca me he considerado una máquina holgazana, más bien al contrario… Y, si él me ayuda…

Sonrío sin pretenderlo al recordar cuando lo vi por primera vez. Cuando Sheriff me había avisado de que había un delincuente destrozando el pueblo a las dos de la mañana, lo reconozco, monté en cólera; casi como Doc el día del juicio entrando por la puerta del juzgado. No lo creeréis, pero llegar más tarde no me impidió escucharlo refunfuñar de lejos, antes incluso de verse las caras con McQueen. Pero, desde el primer momento en que supe lo sucedido, mi único deseo era obligar a ese desgraciado a reparar mi precioso pueblo. 

Que sí, desde fuera puede parecer lícito lo que me preguntó Rayo en su día: 

«¿Qué hago aquí?» 

Bueno, ¿nunca ninguno de vosotros se ha planteado cambiar de vida? ¿Renunciar a los lujos, al trabajo 24/7, a las ansiedades impuestas por la sociedad y poder ser uno mismo de verdad? Eso es lo que yo encontré en Radiador Springs. Una vida nueva, nuevos sueños, felicidad y la familia que siempre deseé. Sí, era rica, como me insinuó Rayo en este mismo lugar, pero ahora no quiero pensar en ello. Es parte de un pasado en el que prefiero no adentrarme.

Retornando al momento en que llegué al desguace, admito que, a pesar de mi ira, al verlo tan inocentemente dormido pensé: «¿es posible?». Pero claro, no era tampoco la primera cara bonita con la que me topaba en un caso y sabía los demonios que podían esconder unos parabrisas angelicales. ¿Y esa forma de intentar seducirme en el juzgado? 

Me río para mí misma, nostálgica. En el fondo creo que caló en mis entrañas, aunque pretendiese aparentar lo contrario. Quise darle una lección, pero no podía resistirme a sus encantos. En el fondo, era un libro abierto para mí: un engreído de manual por fuera y un tierno cachorrito por dentro. La verdad, me alegro de que mi intuición no me fallase, considerando las circunstancias. A pesar del tiempo que pasamos separados, cuando viene, es como si el mundo desapareciese al otro lado de su nube de besos, mimos y atenciones. 

Cierto que a veces me siento como un jarrón de porcelana, pero creo que él va aprendiendo que yo también tengo mis puntos fuertes y puedo cuidarme sola. Desde hace años, he aprendido que, si quería algo, tenía que luchar yo misma por ello. Me entristezco al recordar aquella época de juventud alocada en Los Ángeles; cuando no era así. Creía que lo era, que tenía el mundo a mis pies… Pero pronto aprendí que solo era una ilusión. También dejé buenos amigos atrás, no os creáis –pocos, pero algunos fieles–. Sin embargo, no podía soportar el dolor de sentirme utilizada. De percibir que hiciera lo que hiciese, todo parecía decidido de antemano. Y Alex…

Bufo y cierro los parabrisas con fuerza. No, no quiero pensar en él, ni en lo que me hizo. Cómo jugó conmigo cuando apenas era una joven inocente e inexperta que solo quería trabajar y llegar a lo más alto de mi carrera. Sí, era ambiciosa; lo reconozco. Pero Alex se ocupó de tirar todos mis sueños por tierra. Quizá por eso temía relacionarme con alguien mediático; enamorarme de una máquina que tuviese que responder a las cámaras y le gustase.

«Pero Rayo no es Alex», me repito, por enésima vez. «Y nunca lo será.»

—Una noche preciosa, ¿verdad?

Como si lo hubiese invocado, Rayo aparece despacio a mi espalda y yo sonrío, procurando arrinconar mis últimas y funestas reflexiones. Nueva vida, nueva gente, nuevas metas. Volvimos ayer de Indianápolis, donde se corría la última carrera de la temporada y donde, por fin, mi Pegatinas se hizo con su primera Copa Pistón. Allí pude conocer a Tex, al “Rey” y a su esposa… Confieso que fue una gran jornada, algo que nunca imaginé estando bajo los focos. Supongo que me acabaré acostumbrando.

—Ahora más aún —ronroneo, volviéndome hacia La Rueda—. Bueno, ¿crees que este verano podremos con esto? Es una buena obra.

Rayo sonríe.

—Lo sé —afirma—. Pero hemos superado cosas peores, ¿no crees?

Y yo me río. Sí, y lo que nos queda… Pero, de momento, disfrutemos solo de nosotros y el reflejo de las estrellas sobre nuestro capó. Empieza una nueva temporada.

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